El hombre del rifle telescópico: Cazador de recompensas. Tonino Valerii, clasicismo en acción

Publicado originalmente en Exhumed Movies Nº4  Mayo 2013

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El estudioso italiano del cine popular Aldo Viganó definía bellamente el clasicismo como “la capacidad de definir el mundo relatándolo(1). Tonino Valerii es el clasicismo en acción dentro de un contexto de preeminencia estético-formalista como fue el spaghetti western o incluso el del cine de género italiano en general, ya que su huella clásica se dejar ver en acercamientos al giallo como Sumario sangriento de la pequeña Stefanía o al poliziesco, como De profesión: gorila. Frente al frenesí del montaje, la agresividad del encuadre y el colorismo desaforado opone la voluntad de volverse invisible, de disolverse en la historia, en su planificación limpia, en su narrativa fluida, en la solidez de personajes que, en sus mejores trabajos – El día de la ira, una obra maestra del western sin apellidos, o La muerte de un presidente– aspiran a algo más que la hipermitificación, la estilización mediterránea de mitologías norteamericanas. Un subtexto, este de la colisión entre modernidad y tradición, que es el cañamazo de la muy interesante Mi nombre es ninguno. Pero esa misma dialéctica, generacional, si se quiera, un tema que tendrá peso en la obra del directo, ya aparece, de modo mucho menos consciente, en la película que supuso su debut como responsable completo de una producción: El cazador de recompensas o Per il gusto di uacidere, en su mucho más rabioso título original.per_il_gusto_di_uccidere_craig_hill_tonino_valerii_002_jpg_cbsi

Valerii terminó dirigiendo este film por casualidad mientras se encontraba involucrado en los preparativos de El bueno, el feo y el malo. Para Nocturno Libri- Tonino Valerii, el propio realizador recordaba como se vio involucrado en la dirección de lo que tenía que ser un pequeño film en coproducción destinado a servir como banco de pruebas para una nuevo sistema, el llamado 2P, es decir el Techniscope que había introducido en el mercado Technicolor Italia en 1963 con el fin de reducir costes de producción, aun a costa de perder calidad de imagen. El propio Sergio Leone fue quien lo señaló como la persona adecuada para hacerse cargo de aquella pequeña producción, que terminaría siendo Cazador de recompensas, la cual contaba con el futuro director de cine de acción Stelvio Massi en funciones de operador de fotografía. Roberto Curti en su excelente monografía sobre Valerii (2) cuenta una historia algo diferente, pero complementaria a esta idea de probar las posibilidades de la Panavisión del pobre. Y de igual resultado final. En ese caso el italiano era llamado como ayudante de dirección, labor que ejercía entonces para Leone, del español Ricardo Blasco en una eurowestern a rodar en Almería. Cuando Blasco fue despedido del proyecto Valerii se encontró con medios pero sin película. La intervención de  Francesco y Vincenzo Genesi, dueños de  Tecnostampa, quien ponía los medios físicos, y la capacidad del inminente realizador para escribir un guión en el tiempo record de una semana lograron que el proyecto no se desbaratase y llegase todavía vivo a la cita con la parte coproductora española, conformada por José Luis Moreno bajo el nombre de Montana Films. Para protagonizarla se contrata al norteamericano Craig Hill, popular en Italia por la emisión entre 1957 y 1960 de la serie televisiva Whirlybirds (Aventture en elicottero) y quien ya había trabajado en el eurowestern poco antes bajo las órdenes de Rafael Romero Marchent en El ocaso de un pistolero (1965). Longilíneo, de ojos claros y con cierto carisma, aparece como una buena alternativa a Eastwood, sobre cuyo arquetipo es una variación enriquecida con aciertos de diseño, como la ropa clara o el fetichista rifle de mira telescópica, como siempre, mucho más que una herramienta: una prolongación estética y hasta psicológica del personaje, definido, con la síntesis del lenguaje icónico de la viñeta y la economía expresiva de la serie B.

per_il_gusto_di_uccidere_craig_hill_tonino_valerii_003_jpg_bxieValerii arrastró consigo una idea largo tiempo acariciada de un film protagonizado en solitario por una figura que ya había aparecido, a proposición suya, en La muerte tenía un precio: el bounty killer. El cazador a sueldo, el caza-recompensas, quien se convirtió desde el mismo momento del estreno de este film en un nuevo paradigma del ya lanzado western alla’italiana. El esfuerzo, modesto en todos los sentidos, de Valerii se vería de inmediato escudado por  la excelente  El precio de un hombre de Eugenio Martín, la cual partía de la novela norteamericana de Marvin H. Albert The Bounty Killer en el empeño de ascenderlo a la categoría de personaje-estilo. Conformando casi un sub-subgénero propio, listo para ser explotado con modos de filón. La de Martín fue en realidad la primera, cronológicamente y en proyecto, en trastear con la idea de este personaje (3) rápidamente codificado en su rasgos básicos, y únicos tal es la naturaleza estilizada del eurowestern: cínico, amoral, con el dinero como único pensamiento, de una eficiencia “ejecutoria” implacable…

Una tipología, un paisaje humano que por si mismo define el spaghetti-western, pero que curiosamente se veía matizada en los casos de Valerii y Martín por una análoga voluntad de clasicismo. Detalles de ese gusto, tanto en personajes como en planificación, aparecen entre la atonía general y la placidez estándar del invento, que  apenas se ve animada por su irónica estructura circular, la intensa presencia de Rada Rassimov, lo marciano de un Sancho Gracia rubio, el “boetticheriano” prólogo con el protagonista acercándose parsimoniosamente en la cámara, al modo en el cual lo hacía Randolph Scott en el ascético Ciclo Ranown, o un estupendo capítulo, casi autónomo, con presencia de Fernando Sancho y que incluye una de esas sentencias lapidarias indisociables del género: “No voy a ningún sitio si puedo mandar una bala”.

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(1)     Giochi nel canyon del posmoderno, en C’era una volta il…western alla’a italiana. Catálogo a cargo de Roberto Festi, 2001.  Tomado de Roberto Curti: Tonino Valeri, Nosferatu nº 41-42, Octubre 2002, Donostia Kultura.

(2)     Il mio nome è Nessuno. Lo spaghetti western secondo Tonino Valerii, Roberto Curti, Unmundoaparte, Roma, 2008

(3)     (2) Por diversos avatares de la intrahistoria del cinema bis europeo la idea terminaría llegando oídos de Leone, por mediación de la esposa de Arrigo Colombo, coproductor tanto en el film de Martín como en Por un puñado de dólares, y también de Duccio Tessari, quien estaba relacionado con José G. Maesso, productor de la española, y era ayudante y co-guionista de Sergio Leone. Así lo cuenta Martí a Carlos Aguilar y Anita Hass en  Eugenio Martín. Un autor para todos los géneros, Carlos Aguilar/Anita Haas, Retroback-Séptimo vicio, Granada, 2008

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