Las variaciones Caine: Angustia Mortal

Publicada en Cinearchivo como parte del dossier sobre el cineasta Bryan Forbes

deadfall

A la altura de 1968 Michael Caine ya había trascendido. Quiero decir que había logrado ser una marca, crear una expectativa sobre su persona en pantalla en la mente del espectador. Caine era Alfie y era Harry Palmer y a partir de ellos muchos de su trabajos de la década de los 60 serían variaciones sobre estas figuras, desposeídas de los significados y esquirlas que su respectivas películas les pudiese dar, reducidos, sencillamente, a una imagen concreta de Michael Caine.

En ellas aparecía vestido de una manera distintiva, se movía en ambientes que se dirían compartidos de un film a otro  que ayuda a que estos entablen curiosos diálogos entre ellos. En 1966, Caine había incorporado a su galería, reducida por entonces, la figura, romántica, del ladrón de guante blanco en la comedia Ladrona por amor (Gambit, Ronald Neame). Este personaje, que no tipología, alcanzaría su perfecta definición tres años más tardes cuando el personaje Caine tomo el nombre de Charlie Croker, el atracador dispuesto a dar un golpe inverosímil en Turín. Un trabajo en Italia (The Italian Job, Peter Collison) estilizaba al límite la figura del actor ofreciendo al tiempo otro posible Alfie y un reverso/gemelo de Palmer, el espía renegado que era, a su vez, un anti-Bond.

Angustia mortal es otra película de robos perfectos, pero al contrario que Ladrona por amor y Un trabajo en Italia no es una comedia, aunque empieza, jugando al equívoco como tal, cuando Caine y Giovanna Ralli se mezclen en una casa de reposo donde el primero acecha a una víctima que la segunda también codicia. Michael Caine es aquí Harry Clarke, cuyo mismo nombre parece una variación/anticipación, y su imagen/personaje es la misma pero incrustada en un film extraño, un perverso juguete sixties con formato de thriller (pseudo)existencialista rodado/ambientado en España; todo lo cual proporciona al film un extra de rareza, la que da ver lugares tan mundanos y cotidianos envueltos tramas e imaginerías cosmopolitas.

Caine, fugado de Ladrona por amor con sus trajes de tres botones y su gesto entre impasible e irónico distintivo de sí mismo y de Harry Palmer, se encuentro en mitad de un triángulo lleno de secretos entre Moreau, un antiguo colaboracionista nazi y Fe, su joven esposa. De fondo resuenan temas poderosos, culpas mal asumidas, conflictos de clase, homosexualidad vivida de modo tortuoso (y amplificada por otro factor externo: Eric Portman, actor que encarna a Moreau, era homosexual) e incluso sórdidas verdades incestuosas.

Y la sensación es extraña, con un algo que descoloca y seduce y otro algo que irrita e impacienta. La película parece prometer algo que nunca da… un suspense frustrado/frustrante donde el artificio del “robo perfecto” es una mascarada para lo que subyace, tortuoso. Ese mismo año 1968 Caine, personaje/actor, se verá envuelto en un film paralelo a este, El mago (The Magus, Guy Green) donde volvía a ser el cuerpo extraño objeto de los juegos mentales (y metalingüisticos, profundamente sesentero todo ello) de una joven (Candice Bergen) y un anciano (Anthony Quinn). De nuevo las repeticiones y los diálogos pero en el film de Green lo extraño, lo siniestro es el centro del relato y no está situado en una esquina como en el de Forbes.

En 1972 el tropo será llevado al límite en La Huella, una película-juego, enigma en sí misma, donde el elemento femenino está sacado del escenario, en un off siempre presente/siempre ausente. Caine no es ella un ladrón de guante blanco, pero lo finge en algún momento, recordando así su yo de la década de los 60.

Paradójicamente la anterior película conjunta de Forbes y Caine no tiene nada que ver con esta. La caja de sorpresas (The Wrong Box, 1966) era una comedia victoriana, excéntricamente británica (una redundancia) y de color tirando a negro, que lo único que viene a confirmar es la inquietud de Forbes como cineasta de carrera sinuosa y decisiones inesperadas, en especial tras un comienzo fuertemente influenciado por un free que, da la impresión, en un momento encuentra agotado como vía expresiva pese a volver sobre en la reivindicable The Raging Moon, ya en 1971.

Angustia mortal para de una novela del popular escritor pulp Desmond Cory y arrastra todo tipo de vicios propios del best-seller de temporada, empezando por una trama dilatada sin necesidad y gratuitamente complicada, sustentada en el giro sorpresivo y no en la evolución, hasta el punto de que buena parte del drama resulta incomprensible, de puro farragoso. Forbes se entretiene, entonces, en las relaciones entre los personajes, pero como el dibujo de los mismos es tan básico lo único que logra es que el film se estanque en diálogos imposibles y secuencias introspectivas animadas solo por la portentosa banda sonora de John Barry, quien en un singular ejercicio de metacine apareciendo en la propia película dirigiendo la pieza central que sirve de pauta rítmica para la larga secuencia del asalto. Cosas de los 60.

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