El rey de los monstruos en el telediario: Godzilla

 

 

En el tercio final de su metraje, Gareth Edwards se acuerda al fin de que está haciendo una película de monstruos y entonces los chavales que la estamos viendo podemos gritar “¡Cuidado Godzilla, cuidado!”, cuando otro bicharraco ataca por la espalda al rey de los monstruos. Antes, el director siente la necesidad de cortar (y frustrar con ello) sistemáticamente toda la acción monstruosa, todo lo puro y simple en cierto sentido, en beneficio de una serie de humanos que no llegan a personajes y que, francamente, no nos importan nada. En una película de Godzilla este es el protagonista, y el resto es paisaje; en esta reelaboración hipermoderna, en cambio, Godzilla y las criaturas son el paisaje.

Como en otras manifestaciones del cine de monstruos contemporáneas (no cuenta Pacific Rim ya que sus intenciones son muy diferentes), incluidas amenazas extraterrestres o superheróicas, las pantallas de televisión, los informativos, las redes de vigilancia, el panóptico del mundo contemporáneo, son la narrativa paralela a las imágenes de la pantalla de cine (por otra parte cada vez menos consumidas en el cine). La realidad queda recodificada así, filtrada por la mixtura de lo posible y del cine fantacientífico, narrada por la televisión y las cámaras de vigilancia que hacen hiperreal lo real, más auténtico por tanto, más creíble, y por el cine de gran espectáculo que banaliza esta misma realidad haciéndola doméstica, inofensiva. Si el original japonesa sublimaba el dolor y el terror atómico tras la Bomba, esta asume, entre la estética/sensibilidad spielbergiana (su puesta en escena y sus tropos familiares) y el documentalismo/reporterismo, Fukushima y las imágenes apocalípticas de Tailandia o Nueva Orleans.

Japón bajo el terror del monstruo era una extraña obra melancólica, un tebeo apesadumbrado filmado en espartano blanco y negro donde la criatura era una manifestación brutal de la fuerza de la naturaleza y una simbólica representación de la devastación atómica; pese a que puedan rastrearse presencias anteriores a la 2ª GM de este tipo de bestias en la cultura popular japonesa. El Godzilla de Gareth Edwards, en cambio, prefiere referirse a la posterior conversión del ya mito en protector del Japón, o de Estados Unidos/el mundo libre ahora. Entre la cháchara militar y el ir y venir de gente el melodrama y el cine de catástrofes clásico quedan imágenes fulminantes –el salto en paracaídas, por ejemplo o la propia presencia física de Godzilla- y un agradecido respeto por la iconografía de Godzilla, a su naturaleza simbólica y el carácter heroico que fue cobrando al popularizarse.

El terror atómico, y aquí se regresa sobre el motivo de la radiación y lo radioactivo, se resolvió por vías bien diferentes en la cultura pop japonesa y norteamericana. Mientras en la segunda comenzaron a aparecer superhéroes por todos lados, incluidos esos ambivalente hijos del átomo que son los X-Men, en el Japón los personajes que adquirían poderes eran víctimas de procesos de autodestrucción, hombre  gaseosos, electrotransportados, transparentes… mutantes en procesos de desaparición, como la propia cultura japonesa para cineastas conservadores en lo cultural como Inoshiro Honda, por ejemplo. Merecería la pena detenerse en esta confluencia temporal de poderes y sus consecuencias… De momento señalar como Godzilla resurge durante otro esplendor de los superhéroes, de los poderes asombrosos y las mutaciones (y de las imágenes de informativos y cámaras personales que los revelan como reales…),  y como al final vuelve a ser un héroe luminoso. Lástima que la película sea tan mala, tan espantósamente interpretada y escrita, que contenga todos los clichés y estereotipos posibles y que nos de tan poco del Rey de los monstruos, del kaiju definitivo.

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6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    Coincido. Godzilla 2014 es… regular-zilla, tirando a irrelevantilla. Más que un _Pacific Rim_, es un “Bayformers”: vemos más a los humanos reaccionando ante los monstruos que a éstos. Al contrario que Bay, no causa (tanta) irritación ni está plagado de cámaras locas, pero este enfoque le quita igualmente interés a la película, especialmente al tratarse de una franquicia que siempre fue pura serie B (!devuélvenosla, Hollywood!). Cranston y Binoche no se perdían nada si no hubieran salido, porque al final esto es una peli de Ken Watanabe y el joven soldado, con esos sempiternos valores familiares que tanto les gustan a los yanquis.
    Y por si fuera poco, este Godzilla me recuerda al Dredd de Stallone: el score (aquí Alexander Desplat) es lo más destacable de la película. En fin.

    1. Coincido con la coincidencia. Para mi esta opción a lo Marvels es perfectamente lícita siempre y cuando se nos de algo equivalente en cuanto a emoción al propio Godzilla. Claramente, esto no es así.

  2. Bastante insípida. Esa amenaza de duelo final directo y westerniano entre soldado y monstruo, cada uno con su familia que proteger y a ver quién es más chulo, como que da un poco de bochorno.

    1. Es que el personaje/actor dan bastante vergüenza ajena.

  3. John Space dice:

    Toma coincidencia: leo en el Aguilar la entrada sobre El rey de los monstruos (1955) que “En esta ocasión, Godzilla se enfrenta con otro monstruo para mayor aliciente. Godzilla pronto resulta triunfador”, si bien “desapareciendo irritantemente de la pantalla hasta el final de la película. De un melodramatismo fuera de lugar, tan sólo son memorables las apariciones de los monstruos”. Ya sólo faltaba que este Godzilla fuera un remake…

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