¡Go, Guardianes, Go!

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Los Guardianes de la Galaxia nacen al cómic en 1969 con la idea de ampliar la parcela cósmica marvelita. Un ojo estaba puesto en el futurismo de Star Trek, el otro en La Legión de Superhéroes de la distinguida competencia. En cine, ahora, el objetivo es análogo: llevar el Marvelverso al espacio cósmico al compás del regreso de La Guerra de las Galaxias y el renacer de Star Trek. Todo ello bajo esa mirada nostálgico-ochentera de Gunn y la influencia/relectura de Whedon, cuyo propio universo, sus dinámicas de grupo y su acercamiento al americana, parecen habitar en la gran marca Marvel. Guardianes revisita Firefly combinando aventuras de serial, hazañas bélicas, western espacial, diálogos ingeniosos y personajes carismáticos… de tebeo.

Los Guardianes cruzaron las galaxias psicodélicas de los 70 primero de la mano de Steve Gerber, creador del contracultural Howard el Pato, y después del clasicómano Roy Thomas sin lograr una estabilidad editorial, ni una personalidad definida, bandeando entre la creatividad despendolada del uno y la ortodoxia superheróica del otro. Su gran momento fue un cruce con los Vengadores en la ya clásica La Saga de Korvac que trajo a los personajes del siglo XXXI al XX.

Los 90, con el auge la de las portadas múltiples y un fervor renacido por los personajes coloristas y los conceptos en bruto recuperan a los Guardianes originales por mediación de Jim Valentino, guionista y dibujante de una etapa de más de 60  números: la serie era una proyección grandilocuente, puro estilo Marvel entonces, de los héroes del pasado a al futuro lejano donde los Guardianes venían a ocupar el lugar de los Vengadores, liderados por un Vance Astro que había heredado el escudo del Capitán América y lo había complementado con un imposible look de cinta sujetando un mullet puro noventas que enterraba el buen gusto en beneficio de la diversión sin barreras.

Olvidados después, de vuelta al cajón de “las ideas con las cuales no sabemos qué hacer”, los Guardianes renacieron bien distintos en 2008 dentro de la macrosaga cósmica Aniquilación. El espacio de los personajes olvidados fue ocupado por Keith Giffen, veterano de La Legión de Superhéroes en distintas épocas/encarnaciones (incluida la estupenda LEGION de los primeros 90 que guarda ciertas concomitancias con los presentes Guardianes de la Galaxia) y el dúo británico Dan Abnett y Andy Lanning, a su vez responsables del relanzamiento de La Legión deceita en los primeros 2000… y todo rima.

Fuera del foco principal, de la misma manera en la cual James Gunn ha podido operar en esta versión para el cine, reestructuraron el Universo Marvel cósmico mirando más allá de Jim Starlin (o a otros lugares como Dreadstar), birlando un par de conceptos del Green Lantern de la DC y finalmente expandiendo los límites de ese horizonte galáctico donde convergían personajes traídos de distintas series, desde los 4 Fantásticos hasta Los Inhumanos (¿se los planteará la Marvel como sustitutos de esos mutantes que, cuestiones de derechos, no puede mencionar?), Quasar, Nova, etc…

Los nuevos Guardianes de la Galaxia salidos de Aniquilación, que son los que ahora canoniza (porque sí, los lectores de comic-book parecemos tener la necesidad de que otro medio legitime nuestras lecturas) el cine con su inapelable poder de penetración popcultural, era una serie coral, de personajes que entraban y salían donde cada cual podía tener a su favorito, que sintonizaba herencia y presente, hazañas espaciales y humor disolvente. Tenían (tienen) más que ver son el Escuadrón Suicida que con los Vengadores. Eran (son) una banda de renegados, los héroes más improbables de esos que al final terminan por asumir los mayores sacrificios. Esa figura tan americana, tan de western, del héroe individualista que hace posible la existencia de una colectividad a la cual no puede pertenecer ni integrarse.

Desde una esquina de la historia de los comics al mayor blockbuster veraniego, sin mediar presentación. Un film de grupo que esta vez no ha necesitado presentación previa en diversas entregas personalizadas, pero que no es descartable que las tenga a posteriori. A la Marvel no le da miedo el colorido, tampoco ser un poco campy, un poco extravagante, porque es también lo bastante posmoderna e irónica, siempre tiene el guiño al espectador listo; pero a la vez está siendo capaz de entregar personajes queribles, que parecen de verdad y no futuras figuras de acción o disfraces de convenciones. La Marvel, en definitiva, regida con mano de hierro en guante de espandex por Kevin Feige ha puesto sus franquicias en manos de frikis con el fin de hacer películas para todos.

La existencia de una película como Guardianes de la Galaxia significa que Marvel ya se atreve con lo que sea. Su carácter de atronador supertaquillazo internacional significa, a su vez, que el público no-comiquero está ganado. La política de estudio, puesto que Marvel hace cine de estudio, es un éxito con pocos precedentes y una notable evolución en los modos de consumo, definitivamente transmedia (o multimedia). Y también la integración, natural y definitiva, de productos de consumo popular, digamos alternativos, en el mainstream.

El frikismo está de moda, el frikismo es tendencia. Hay un outing general friki que se simboliza en el triunfo de creaciones como esta Guardianes de la Galaxia, que abraza sin disimulo la nostalgia ochentera, las referencias para iniciados y todo aquello que, quizás, un día nos daba vergüenza y ahora lucimos con orgullo. Walking Dead es la serie más vista de la televisión USA, Juego de Tronos un fenómeno y todos entendemos los chistes de Big Bang Theory. El friki ha sido asimilado. Por lo tanto o todos lo somos o no lo es ninguno. El friki es Sistema. Esto explica el auge de festivales y salones, el carácter central de la Comic-Con de San Diego como lugar determinante desde el cual se van a testar productos, hacer negocios o, simplemente encender las mechas de un entramado publicitario entusiasta donde el fan es al tiempo manipulado y ostenta un poner insólito, nunca antes visto y que deriva de Internet y su arsenal de armas de comunicación masiva. Este outing general explica también el continuo flujo de webs, fanzines o editoriales profesionales dedicadas a los rincones más hardcore de la cultura popular (y subpopular).

Sin rostros para llenar su cartel, sin un nombre de prestigio tras los créditos Guardianes de la Galaxia lo ha fiado todo a la magia de una sello: Marvel… y una ovación cerrada le ha dado la razón. Ya no necesita ni de personajes icónicos. El minucioso proceso de implantación establecido desde el primer Iron Man ha florecido en un Universo conjuntado, articulado con gracia y coherencia, que convierte las pantallas de cine en una red de televisiones colectivas donde se proyectan los capítulos, al tiempo autoconclusivos e hilvanados de una gran serie que se comentará en Internet, se coleccionará en formatos domésticos y recibirá sus ecos en las viñetas, definitivamente convertidas en contenedor secundario.

 Marvel anuncia sus proyectos hasta 2019 y la red colapsa. El estudio ha implementado al cine la misma forma agresiva y espectacular de vender que a sus cómics: lo de ahora ya no importa, solo es un paso para lo bueno, que es lo próximo… y así. El presente se ha terminado, vivimos en la anticipación. Consumimos pelis que ni siquiera existen. Marvel, pioneros y maestros al tiempo, ya han amortizado sin necesidad de rodar algo que, caprichos del mercado/espectador, ni tan siquiera llegue a rodarse. Vivimos en la época de la críticas a los teasers y trailers –véase el regreso del universo Star Wars, fetiche generacional profusamente citado en Guardianes- donde se discuten en centenares de comentarios en centenares de páginas los más nimios detalles que las productoras filtran para alimentar esa publicidad entusiasta, gratuita… y peligrosa debido a la volatilidad del fan.

La Marvel intuyó las posibilidades y la demanda de una nueva forma de consumo y la compatibilizó con una vieja forma de negocio y método de producción. Las películas Marvel son más baratas de lo que parecen, pero lucen mejor que casi todas. En ellas las posibilidades de lo digital se usan dentro de una puesta en escena de gusto clásico y un estilo sin estridencias ni desvíos. La puesta en escena de los productos Marvel tiene algo de átona corrección televisiva -aquí agudizado por un montaje demasiado picado y unas escenas de combate ortopédicas… pero compensado pro una formidable animación digital, rica en textura- , los mismo que su iluminación, que homogeniza las películas, o su narrativa de manual que no tiene reparos en convertir unas películas en variaciones sobre los esquemas de otras. Cine de fórmula. Cine de Hollywood por definición: atenerse a lo que, probadamente, funciona.

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Guardianes de la Galaxia, por ejemplo, mimetiza Los Vengadores como bien ha apuntado los maliciosos Screen Junkies. Todas ellas, además, se vuelcan en los héroes, convencidos de que el carisma de estos hará olvidar la escasa categoría de sus opuestos. Con la excepción del progresivamente antiheróico Loki sus villanos son intercambiables, Ronan aquí es Malekith allí o apenas están desarrollados e inclusa el gran oponente final, Thanos, es de momento una entelequia para disertaciones del freak. La despreocupación con respecto a las lagunas narrativas o a lo abocetado que es todo en general tampoco preocupa,  porque en las entregas Marvel la diversión pasa ahora, en el momento en el cual estás mirando a la pantalla, y todo lo demás se desvanece al fondo de la alegría instantánea. La audacia, mínima, de Guardianes de la Galaxia es bordear la parodia. Mínimo porque se agarra a la complicidad de su target de audiencia cautivo con un torrente de referencialidad ochentera nostálgico y celebrativo, fetichista. Guardianes de la Galaxia, profundizando en algo ya latente en Los Vengadores, se incrusta en toda una corriente del cine presente de géneros –horror, thriller, comedia, melodrama…- que sucede en unos 80 perpetuos, estirados en el tiempo, que son el territorio de la adolescencia de un puñado de cineastas que desde el indie (sic.) tiene una puerta abierta hacia el gran presupuesto. Por ella entró James Gunn… también los Robert Wyatt y Matt Reeves de los nuevos Planetas de los simios, el Gareth Edwards de Godzilla, el Marc Webb del reinicio de Spiderman, Sott Derrickson en su momento y ahora se pondrá a dirigir Doctor Extraño… cuestión de tiempo ver a otros opositores como Jim Mickle o Adam Wingard.

La personalidad de las producciones Marvel es colectiva, no individual; si bien están permitidas ciertas firmas al pie de la página. El riesgo, siempre controlado. La primera fase contaba con nombres extemporáneos como los de Kenneth Brannagh y la segunda con personalidades curiosas como la de Shane Black y la tercera ha vivido el fulminante despido de Edgar Wright por querer hacer su película y la película para la cual le habían contratado. Peyton Reed, proveniente de la comedia de perfil bajo, estará mucho más agradecido por la oportunidad laboral. Joss Whedon es quien junta las piezas, resume las formas y ajusta el tono. Los hermanos Russo en la estupenda El Capitán América: El Soldado de Invierno o James Gunn en Guardianes de la Galaxia miran sin disimulo a Whedon, lo citan dentro de unos enfoques que ofrecen su propias particularidades, como los dibujantes contratados para cada serie. Alan Taylor en Thor: El Mundo Oscuro recurrió directamente a él para, siguiendo con el símil, terminar el entintado. Todos ellos amplían/continúan a Whedon la espera de que este finalice la segunda temporada del serial en Avengers 2: Age of Ultron. Todos ellos, y otros como JJ Abrams que abraza ahora el pináculo de lo freak que es La Guerra de las Galaxias, son los hijos del post-spielbergismo, alimentados en el después del Nuevo Hollywood, entre los suburbios de la Amblin.

La diferencia es que mientras los protagonistas de aquellos títulos eran gente común, el americano promedio, enfrentados a lo extraordinario, los de estos son seres ellos mismo extraordinarios. La estrategia es rebajar esta categoría formidable mediante el humor disolvente y la complicidad. Esto permitiría aplicar sobre los personajes Marvel cinematográficos el diagnóstico de Jesús Palacios en Hollywood Maldito al respecto de la estrategia infalible del Spielberg de los 80, que “estriba en hacer empatizar abiertamente al espectador con sus protagonistas aparentemente anodinos y vulgares, a quienes las circunstancias transforman, finalmente, en personajes heroicos, capaces de asumir situaciones extraordinarias, superándolas y triunfando contra lo imposible, aparándose en valores tan sencillos como ellos mismos, a los que la épica spielbergiana (sustitúyase por marveliana) dota así de relevancia transcendental, identificándolos con valores profundos y eternos. Una estrategia que suspende la incredulidad del espectador, a la vez que anula su capacidad analítica, pro el medio de establecer unos fuertes lazos emocionales entre los protagonistas de la historia y el público al que va dirigida,  conducido hábilmente a identificarse íntimamente con estos y sui situación”. Junto a esto, los héroes sobrevenido de Guardianes comparten otro tropo clásico spilbergiano-disneyano: la pérdida. Son huérfanos, solitarios, traumatizados y outcast qeu en el proceso de sus aventuras encontraran una nueva familia en el grupo que forman.

El humor al borde del guiño, que de algún modo recuerda al tono sarcástico de la JLI de Keith Giffe, JM de Matteis y Kevin Maguire, la música que está ala vez dentro y fuera del film,  el carácter entrañable de sus protagonistas, con Peter Quill como versión del espectador dentro de la película, la identificación y reconocimiento inmediatos de unos personajes y un universo familiar, por nostálgico, por evocador de otras películas, otros cómics, otros libros, logran incluso que los mil y un cambios con respecto a los personajes/conceptos originales (Nova Corps, Yondu, etc…) sean tolerados, incluso aplaudidos, puesto que todo esto, sumado al detalle exacto pero superficial, el codazo de connasieur, es un sustitutivo decantado al milímetro, un generador de endorfina audiovisual, una película-golosina. Un kiosko entero.

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7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    “los lectores de comic-book parecemos tener la necesidad de que otro medio legitime nuestras lecturas”
    Oh, no en este caso. Por lo que leo en ciertos foros marvelitas, muchos de los que siguen estas películas no leen tebeos, incluso los detestan (!). Un nuevo tipo de fan, que seguramente desaparecerá cuando estalle lo que los mismos foros ya llaman burbuja superheroica.

    “son los hijos del post-spielbergismo, alimentados en el después del Nuevo Hollywood, entre los suburbios de la Amblin.”
    Espero que esto no signifique que les nombras Ford o Fellini y ni pastelera idea.

    Te dejo con la crítica de los chicos del documental sobre Grant Morrison, que dio que hablar:
    http://sequart.org/magazine/48651/we-are-the-candy-bars-of-pop-culture-guardians-of-the-galaxy-broke-something-in-me/

    1. Pero eso llena de orgullo también al friki comiquero es un “Veis, os decía yo que esto era la hostia”. Además puede disfrutar alardeando de sus conocimientos superiores sobre los personajes.

      Suscribo el artículo que enlazas al completo, por cierto. Los personajes son divertidos, tiene diálogos graciosos y hasta buenso, pero el guión y la historia, técnica y dramáticamente, son un puto desastre. La habilidad de Marvel como productora es que todo eso no importe porque… molan!!!

      1. John Space dice:

        Lástima que alguna gente sea tan sensible y delicada cual pétalo de rosa:
        http://sequart.org/magazine/48751/its-okay-to-criticize-guardians-of-the-galaxy/

      2. Ya se sabe que el público fan no es muy de mirar con distancia. Eso y que, hoy en día, “Molar” es una valor en sí mismo que anula, al parecer, cualquier otra consideración.

  2. Mr. X dice:

    Sr Space, si le siguen llegan notificaciones de este hilo, me permito invitarle al refugio creado por y para los exiliados de ZN, si tiene usted la merced (hay mucho marvelita, pero casi todos respetables 😉

    http://deepzn.boards.net/

  3. Magnífico desglose, señor Esbilla, especialmente en lo que respecta al fenómeno de los Guardianes en sí. Personalmente creo que uno de los grandes éxitos de Marvel Studios ha sido aplicar exactamente la misma fórmula con la que Stan Lee hizo historia en los sesenta, y si la Fase 1 fue como la titubeante primera mitad de la década en la que la editorial jugaba a prueba y error, esta Fase 2 está siendo como su segundo round, con todos los gloriosos desastres, tan caóticos e improvisados como repletos de virtudes y hallazgos como son estos Guardianes de la Galaxia. O al menos, noto bastante tino en la mano de Gunn para manejar el disparate que tiene entre manos -tan próximo a Star Wars como a un Troma para todos los públicos- para acabar haciendo malabares con la cacharrería y además dejar poso.

    Como pequeñas rectificaciones -si me lo permite- los Guardianes no nacieron en Aniquilación, sino Aniquilación: Conquista (quizás indicar “las sagas Aniquilación” sería más exacto), y aunque Giffen creo el equipo base, en su mini-serie de Star Lord fueron una iteracción de la Legión Lunática, no convirtiéndose en Guardianes de la Galaxia hasta que Abnett y Lanning los relanzaron en la colección que les da nombre, por medio de Mapache Cohete y la recuperación de Vance Astro

    1. Aquí queda anotada la (pertinente) corrección. Yo, he de confesar, me pierdo un poco en el mundillo cósmico de la Marvel.

      En cierto modo esto es una refundación de Marvel, un reboot por otros medios, literales. Y está bien hecho porque la compañía tiene experiencia industrial para dar y tomar.

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