(014) Diciembre / 18

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Cold in July, Jim Mickle, 2014, USA

Pastiche hipermoderno que bajo una elaborada estética de los 80 –música electrónica, luces de colores, ambiente suburbial…- encadena tres argumentos distintos con tratamientos a juego -slasher, neonoir, western- mientras cita, mímesis mediante, a John Carpenter, Walter Hill, el primer Michael Mann o los primeros Coen. La imitación está plenamente conseguida, asumido no como un homenaje irónico sino, un poco al modo de Ti West, como si el tiempo no hubiese transcurrido. Otra cosa es la inconsistencia general, el ridículo puntual incluso, de una historia que pese a basarse en una novela, parece inventada sobre la marcha. Interesante en cuanto a puesta en escena, imposible en todo lo demás y con una glorificación de la violencia plenamente “era Reagan” a la hora de  hablar de la experiencia con la misma.

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Das finstere Tal (The Dark Valley), Andreas Prochaska, Austria, 2014

Fábula, casi un cuento medieval con princesa, caballero y ogro(s), reconvertida en western tenebrista e invernal que pertenece a esta curiosa corriente del neo-eurowestern, acometida en especial por cineastas centroeuropeos y nórdicos y que, aquí, guarda la aprticularidad de estar ambientado en la propia Austria. Esta vez cuenta la llegada de un fotógrafo a un escondido valle en el cual pervive el servilismo medieval y el derecho de pernada; pero el extranjero, claro, oculta propósitos de venganza. La imagen cita a los románticos alemanes, el estilo es estoico y violento, la interpretación minimalista y el tono entre el lirismo y la ferocidad. Por desgracia se atasca y hasta descalabra en su último tercio, dilatándose sin necesidad, y cayendo en algunas decisiones estéticas contradictorias.

METAMORPHOSES

Métamorphoses, Christophe Honoré, Francia, 2014

Pasoliniana versión de Las metamorfosis de Ovidio que trae los mitos grecolatinos a la Francia del presente, sin necesidad de explicación, para recuperar su naturaleza original: pagana, salvaje, sen(x)ual, violenta y báquica. Estilizada y naturalista por igual, no logra mantener la misma intensidad primitiva durante un metraje que celebra la narración, las historias dentro de historias, y la vigencia de una tradición cultural. No está tan alejada ni del Bacco de Eddie Campbell ni de la Wonder Woman de Brian Azzarello y Cliff Chian.

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Lucy, Luc Besson, Francia, 2014

Los poco más de 80 minutos de Lucy son el equivalente a las 24 páginas (más colorista portada) de un tebeo de superhéroes donde se condensa el origen, proezas y catarsis de su protagonista, esa Eva Futura en que Scarlett Johansson se ha convertido. Superdiosa de una gominola psicoactiva de muy europeo descaro, donde Besson continúa con su política de amalgamar referentes USA y orientales con un espíritu de cine B sin excusas que prorroga con coherencia su propia obra.

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A Birder’s Guide to Everything, Rob Meyer, USA, 2013

Más nostalgia de los 80 rodada hoy, en su vertiente adolescente y de sensibilidad pop, que sigue el proceso de maduración de un chaval huérfano de madre a la búsqueda de un pato extinto. Estilo indie, un poco de power-pop en la banda sonora, evocadores exteriores de Nueva Inglaterra y mixtura de humor dulzón y emociones confusas –tiranteces paterno-filiales, aceptación de la muerte, romance, amistad…- donde la sencillez de sus metáforas funciona con el mismo buen gusto con el cual están dirigidos los actores. Las subtramas (o así) cumplen su función de lograr una duración estrenable; y así y todo se queda en 80 minutos. Otra canción, idéntica melodía.

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Fury, David Ayer, USA, 2014-12-04

Hazañas bélicas de tono indeterminado – desmitificador, crepuscular, épico, fantasmagórico…- cuya estructura episódica, que tiene la consecuencia de una duración salida de madre, viene a ser como unos apócrifos de las historias de guerra de Garth Ennis. Sin perdonar un lugar común ni un estereotipo, Ayer busca su puesto en la fila del cine masculino, citando literal y espiritualmente a sus antecesores y fascinándose ante la virilidad que ha ido desarrollando su estrella, Brad Pitt. El estilo es híbrido entre el hiperrealismo post-Salvar al soldado Ryan y la estilización ochentera (sobre la munición americana trazando en rojo y la alemana en verde no me pronuncio), los pasajes poderosos alternan con los ridículo y aunque Ayer no ruede mal del todo, estaría bien que pensase en contratar a un guionista profesional. “Qué puta es la guerra, pero que hombres fabrica”; para todo lo demás está Hermanos de sangre.

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The Salvation, Kristian Levring, Dinamarca, 2014

Spaghetti-Western danés sin intención revisionista o irónica que se apoya en un heterodoxo reparto y en el impasible carisma de Mads Mikkelsen para entregar una pieza del subgénero sin complicaciones, hallazgos o novedades. Bolsicine de clase media, que tira de estilización, sadismo y violencia gratificante siguiendo las pautas estipuladas durante un metraje sin el mínimo desvío. Su singularidad, como en algunas película de terror o thrillers más o menos coetáneos radica en, precisamente, la falta de distancia respecto al cine al cual ya no puede pertenecer y sin embargo pertenece de lleno.

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Horns, Alexandre Aja, USA, 2014

Mientras la película pide a gritos lo grotesco y abrazar el exceso, quizás recordando todo lo robado a  Garth Ennis que atraviesa primera mitad, Aja se hace el sordo y abraza el sentimentalismo, donde a su vez suenan ecos de Stephen King, padre del escritor Joe Hill origen del invento. Total, una idea de partida estupenda llevada por el camino menos estimulante de los posibles, ñoña y ridícula, indefinida, presa de un guión catastrófico y de unas decisiones narrativas criminales que su director tampoco es capaz de superar en la forma, mixtura entre la textura pictórica de las ilustraciones de un cuento (o un cómic) y el ochenterismo a la moda. Parece que no se acaba nunca y cuando se acaba, todavía es peor.

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The Guest, Adam Wingard, USA, 2014

Mixtura de slasher y acción (incluso podría incluirse un oblicua lectura vampírica) cuya honestidad radica en no creerse ni más inteligente, ni mejor que el cine de videoclub de los 80 que reedita. Al contrario, se limita por propia decisión a continuar con un modo de hacer como si el tiempo nunca hubiese pasado y el presente continuase siendo de colores ácido y música electropop: un cine B reaccionario y lúdico, ensimismado en la estética/ética de un tiempo cinematográfico. Ocurrente por momentos y simpática si uno acepta su naturaleza, con malas secuencias de acción y Dan Stevens como efectivo Ryan Gosling del pobre que toma bajo su psicótica protección a una familia media americana de un pueblo igual de medio.

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La LEGO película, Philip Lord y Chris Miller, USA, 2014

Celebrativa, espídica, anarcoide y sentimental, cómplice y burlona una sátira del blockbuster, con ramalazos políticos incluso, nacida de la promoción de unos juguetes. Matrix, Toy Story y Saturday Night Life lanzados a mil por hora por una pendiente que contiene una idea y diez gags prácticamente por imagen, algunos originales, otros construcciones referenciales superpuestas. Horror vacui y velocidad que por un lado hacen la película agotadora y, por otro, prometen visionados inagotables.

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Open Windows, Nacho Vigalondo, España, 2014

Tal vez para que Open Windows funcione a la perfección uno debiera verla en la pantalla de su ordenador, o de su teléfono, al ritmo que abre y cierra otras pestañas, comenta e interactúa en distintas maneras y por distintos canales de un tapiz de información y distracción inagotable. Tal vez esa sea la forma más genuina de completar Open Windows como experiencia hipermoderna. Vista como una película ordinaria, algo que es y no es a la vez, queda fascinarse ante su audacia de concepto, y parcialmente de ejecución, que lleva la split-screen a un nuevo nivel: una narrativa simultánea que deconstruye el montaje, permitiendo la interacción directa del espectador. Convierte la (gran) pantalla en las páginas de un cómic en movimiento por cuyas viñetas podemos pasear la mirada o en el panel de un realizador de televisión… o mimetiza nuestra propia experiencia diaria llevada a un grado de perversidad/perversión al tiempo que fabrica capa metatextual sobre capa metatextual. Como artefacto, como mecano de la imagen hoy, como película que se rueda a sí misma y como ensayo audiovisual, no cabe duda de su ingenio y elaboración al proponer un lenguaje distinto para el medio; como thriller depalmiano, retorcido y abierto a la ciencia-ficción ya es otro asunto. Aunque lo cierto es que el uno desbarranca, cuando el otro se agota.

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The Trip to Italy, Michael Winterbottom, 2014, Gran Bretaña

Al igual que su predecesora un condensado, muy hábil, de la respectiva segunda entrega televisiva que sigue las peripecias de unos ficcionalizados Steve Coogan y Rob Brydon, esta vez por, bueno, Italia. La parte de ficción se agudiza y el tono vira hacia lo melancólico, tal vez por ponerse a tono con el entorno, para redundar en un par de caracteres inseguros, inmaduros y entrañables. Consciente de su carácter de secuela ofrece lo mismo que The Trip pero resulta más familiar y acogedora, cómplice para con un espectador que ya comparte los códigos y chistes privados de la pareja.

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Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy), James Gunn, USA, 2014

Space Opera semiparódica, asumidamente campy, donde las aventuras de un heterogéneo grupo de renegados que terminarán dando en héroes sobre la marcha se sucede a ritmo vertiginoso entre coloristas paisajes galácticos. La amenaza es indeterminada, los amenazantes casi indistinguibles y sus motivaciones se quedaron en la página de donde proceden sus delirantes looks, el diálogo es rápido y cómplice, las escenas de acción ortopédicas o sacadas de otras películas, al igual que su armazón, los héroes entrañables y molones y el descaro del conjunto para venderse a sí mismo notable. Nostalgia, ochenterismo, complicidad y neo-serial.

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The Zero Theorem, Terry Gilliam, 2014, GB

Recapitulación nihilista y entrópica que a partir de una revisitación/variación sobre Brazil ofrece un ejercicio de introspección y/o ensimismamiento de Gilliam sobre el propio Gilliam y su legado. Con algunos elementos parciales de “El programa final” de Michael Moorcock, extrema la estética del objeto encontrado y la parafernalia excéntrica y anacrónica de un cine como el suyo que, cada vez más y al encuentro de la textura/cultura digital, gira hacia la nada, hacia la plácida extinción. Arrítmica, feísta y verbosa, como sátira, un tanto obvia, como manifiesto personalista, inapelable. Otro tiro en la cabeza por parte de un director que se pregunta, entre la angustia y la farsa, cuál es el lugar hoy para él y sus imágenes… o si tal sitio existe todavía más allá de él mismo.

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The Equalizer, Antoine Fuqua, 2014, USA

La idea es la misma de la serie de culto de mediados de los 80 que protagonizaba Edward Woodward, a su vez secuela apócrifa de otra serie, esta de los 70 y titulada Callan donde el actor, en ambos caso daba vida a sendos agentes secretos primero en activo y luego retirado. Se mantiene también la mixtura del héroe, imperturbable e implacable, siempre en control y la progresión del thriller hacia la épica del western urbano. Fuqua extrema todos los componentes del original, elevando las habilidades de su protagonista a lo superheróico e hiperestilizándolo, amplificando su impacto sobre la realidad física; como si el mundo al completo, al igual que hace la imagen, se ralentizase en la contemplación de lo que es un mito viviente. Sobria y delirante, elegante y crispada al tiempo, con algo de moderna blaxploitation, avanza en la misma dirección de otros productos contemporáneos, que sintetizan la década de los 70 y el presente en conjuntos de difusa política que reivindican el retorno del justiciero misterioso.

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La chambre bleue, Mathieu Amalric, 2014, Francia

Melodrama negro, que escruta la relación entre dos amantes y la tragedia en que esta deviene, mediante una estructura fragmentaria. Toma a George Simenon como base, y si bien existe un lirismo compartido con la ya clásica Monsieur Hire de Leconte, el film  refiere al polar del periodo original de la novela, la primera mitad de los 60, en su estilo conciso, espartano y elíptico. Muy elaborada en cuanto a composición y montaje de buscada artificiosidad al partir de una reconstrucción forense de los recuerdos, desprovistos estos de urgencia, re-actuados/revividos.

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The Town That Dreaded Sundown, Alfonso Gomez-Rejon, 2014, USA

Metaremake de un subproducto hoy de culto dirigido por Charles B. Price en 1976, que dramatizaba la crónica negra de la Texarkana del 46, azotada por un brutal asesino en serie que nunca fue capturado. A partir de un guión del escritor de cómics Roberto Aguirre-Sacasa, la película establece un diálogo con su homónima del 76 y con la (doble) mitología de los crímenes reales y su(s) ficcionalizaciones. Ecléctica, de montaje y estilo de cámara scorsesiano, iluminación de giallo y sentimiento de gótico sureño donde convergen Lynch, Fincher, De Palma, Carpenter…, supone un ensayo audivisual de gran elaboración interna (donde incluso la disonancia es bienvenida) que habla desde niveles históricos, estéticos y esotéricos de la pregnancia de la imagen y su recomposición en el cine a través de las décadas. Ambientada en un presente que parece varado en la frontera entre los 70 y los 80, del mismo modo anacrónico en el cual los 40 de la original eran (cuestiones de presupuesto/pericia) unos inconfundibles 70, ofrece una creativa mirada sobre el remake pero, en cambio, no termina de funcionar como slasher autónomo más allá de su poderío plástico y su respeto a los cánones del subgénero.

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Black Coal, Thin Ice, Diao Yinan, China, 2014

Noir ruminate que aclimata los arquetipos del género –detective caído en desgracia, mujer fatal, marido misterioso, giros en la trama…- al contexto estético, social e histórico de la China continental que abraza (a su manera) el capitalismo; lo cual redunda en la existencia de films de género como este que oscila entre lo descriptivo, lo romántico y lo patético. Más moroso que contemplativo, más desvaído que elíptico, acoge elementos filofranceses y la influencia del thriller poligenérico surcoreano, pero con cierta personalidad propia y el volumen al mínimo, optando por el feísmo, la vulgaridad, la narración atonal y la excentricidad, así como la estilización, puntual.

La Esbilla

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8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    “bajo una elaborada estética de los 80”
    “Más nostalgia de los 80 rodada hoy”
    “la estilización ochentera”
    “y el ochenterismo a la moda”
    “el cine de videoclub de los 80 que reedita”
    “Nostalgia, ochenterismo, complicidad y neo-serial.”
    “la serie de culto de mediados de los 80”
    “parece varado en la frontera entre los 70 y los 80”
    ?Se aproxima una HIPERCRISIS en Hollywood o es sólo otra moda-coñazo? En cualquier caso, tenga un feliz 2015, ande.

    1. Yo diría que es moda coñazo. Pero todo puede empeorar. En breve volverán los 90. Apriete los dientes y saque su camisa de leñador.

      Téngalo usté también, caballero!

  2. Mr.X dice:

    Pues a ver cuando vuelven los 70, que en cuanto a cine norteamericano, es la década que de verdad mola.

    De todas las que cita,
    -Creo que me gustó más que a usted The Salvation –un spagueti western danés muy simpático, seco y violento y con un reparto excelente- y Cold in July, que también se ganó mi aprecio, a pesar de que el final es un poco desmerecedor del conjunto.
    -Lucy es el Besson más Besson desde El quinto elemento. Bien.
    -Comparto totalmente el parecer sobre Fury. Para ser la peli de un supuesto guionista de prestigio, lo visual –con un par de secuencias de batalla muy deudoras de Hermanos de sangre/Soldado Ryan pero muy bien hechas- prima sobre un guión bastante idiota. Y también suscribo lo que dice sobre The Equalizer y Guardianes y Black Coal.
    -Desde Alta Tensión, tenía buen concepto de Aja, y sí, con menuda mierdola se ha descolgado.
    -The Guest me gustó mucho.
    -La Lego película también.

    Vea, cuando le venga bien, una peli británica que se llama 71 http://www.filmaffinity.com/es/film902165.html
    ¿Ya publicó ese artículo sobre el thriller surcoreano?
    Un gran 2015, caballero.

    1. Te recomendaría fervientemente The Town That Dreaded Sundown si te gustaron The Guest y Cold in July. participa de ese universo ochentas, pero mira más hacia atrás y, sobre todo, hacia (por decirlo de alguna manera) hacia los lados. Los 80 están en todo, se nota que hay una generación de cineastas que viene de allí y que existe un consumidor ávido de esa estética/sensibilidad. Guardines es plenamente ochentera, sin excusas, pero es que, por ejemplo, Fury, termina en Walter Hill.

      Los del thriller surcoreano salió por aquí: http://novedadesmoderna.wordpress.com/2014/12/04/corea-violenta-historia-del-thriller-surcoreano-en-cine-bis-3/

  3. Walder Messin dice:

    Para mi, Fury es Tarantino con un folleto de Osprey en mano, luego de unas lecturas de Anthony Beevor y unas copas de más. Pitt en un intento de emular (involuntariamente) al tanquista alemán Michael Wittman en su propio Bocage fallido y a diferencia de este último que supo cuando retirarse. Poco conozco a David Ayer que debo y no mentiría cuando digo que nada, sin embargo aquí solo noté una peculiar fotografía de época en un aparataje visual y pirotécnico de lujo, pero hasta ahí, lo demás se diluye en la nada con personajes poco creíbles y un guión un tanto mediocre.

    1. Jeje. Un buena definición, sin duda. Creo que la peli funciona cuando se pone física, pero personajes y desarrollo de la historia… bueno, eso es tirando a mediocre.

      1. Walder Messin dice:

        “The Dark Valley” engancha, y si esta nueva “ola” de vaqueros alpinos va por estos rumbos, lo defiendo. Melancólica y sucia, con un interesante Sam Riley y una comparsa maniquea de venganza y muerte digna del genero. Eso sí, la musiquita que le han puesto de discoteca Berlinesa de los 90´s se carga bastante del naturalismo de época en ciertos tramos. Por lo demás sobresaliente.

  4. Si, es terrible… Un decisión rarísima que, encima, combinada con los ralenties crea un efecto pernicioso. Pero, fuera de eso, la peli se sostiene con personalidad.

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