Vender el alma: Boardwalk Empire

Lectores, si no han visto al completo Boardwalk Empire no sigan tras estas líneas. En caso contrario, sea por su propia voluntad.

(publicado en Neville)

Cuando comenzaba la tercera temporada de Boardwalk Empire escribía aquí mismo sobre la perfecta cualidad de díptico, de espejo incluso, de las dos primeras. “No se puede ser medio gangster”, era la angustiosa cuestión que se lanzaba en el primero y se contestaba en el último mediante una terrible lágrima de sangre.

En un momento de esta quinta y última temporada, Nucky Thompson cita, en off, a Mark Twain afirmado que “la historia no se repite, pero rima”. Una frase que parece lanzada al viento, pero que es, en realidad, una predicción: Boardwalk Empire rima, y el resultado es un réquiem.
En su dimensión histórica la serie expone minuciosamente el paso del territorio mítico de los gangsters salvajes al crimen como empresa, a la corporaciones. El Murder Inc. de Luciano y Lansky, sí, pero también, y no menos, el de cuello blanco representado en este temporada de cierre por Joseph Kennedy, patriarca de esa familia real secular que atraviesa gran parte de la historia política de los USA. La Ley Volstead tiene los días contados durante el tiempo en el cual se desarrolla esta despedida. No hace falta ni empujarla: se cae sola. Tras los créditos espera el New Deal. Otra música. Otros métodos.

Expuesta esa mirada historicista, matizada con una revisitación adaptada al presente del melodrama criminal de los últimos 20 y primeros 30, a lo largo de cuatro temporadas esta última, reducida por motivos contractuales a solo ocho episodios, parece un epílogo melancólico. Uno extraño, además, ya que no podemos despegarnos de la sensación de que hay una temporada completa que se ha evaporado en una elipsis que no es dramática, sino industrial. Estos últimos capítulos, así, son tiempo prestado en múltiples sentidos. Boardwalk Empire es, al final, otra gran novela americana sobre la inocencia; pero esta vez no sobre su pérdida, sino sobre su venta.

Como en aquel capítulo de Los Simpson en el cual Bart congelaba el fotograma exacto en el cual el corazón de Ralphie se rompía por culpa de Lisa, en Boardwalk Empire podemos ver, sobrecogidos, el momento en el cual Nucky Thompson vende su inocencia… y la de otros. El acta fundacional de la tragedia presente y por venir. Eli, el hermano a la sombra de Nucky ya lo había dicho en su momento. El hambre de Nucky no puede saciarse. El agujero que allí quedó tras el pecado definitivo, ahora lo sabemos, es el verdadero tema de la serie. Y no hay ninguna moneda de oro de la talla adecuada.

En la temporada final de Boardwalk Empire convergen, con elegancia, el presente y el pasado, incluso visiones del futuro, en un diálogo cinemático lleno de símbolos, polisémico y crepuscular donde a través de la violencia, la nostalgia, la sangre y el oro, lo real y lo onírico se nos cuenta la infancia, formación y madurez de un hombre bueno que ha nadado más allá del punto de no retorno, por parafrasear al propio Nucky Thompson; más allá de la redención. Quizás como el propio país que resume.

 

Los hombres que compraron América (temp 1 y 2)

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