Fabricación por encargo: Colt 45

Colt 45 termina donde muchas otras películas empiezan. Termina, además, con una imagen de síntesis: unas manos sosteniendo una pistola.

Vincent, el antihéroe de esta historia es un armero y un instructor de tiro. Es una máquina de precisión que no está testada en situaciones reales. Es un ángel de destrucción masiva. Lo sabe, y no quiere activarse. Milo, en cambio, no tiene escrúpulos en ejercer su talento para la violencia. Milo, demoniaco y tentador, hará todo lo posible para poner a Vincent en funcionamiento.

Colt 45 está llena de ecos. De diálogos entre las imágenes, el drama y la historia. Vincent construye unas balas imparables y modifica la pistola que heredó de su padre para dejarla a su exacta medida. Milo hace lo mismo con Vincent: lo pule, lo flexibiliza, lo hace feroz e implacable. Vincent es la bala, Milo es la pistola y detrás, claro, hay una mano.

Decía Mendizabal, el asesino a sueldo de Los últimos días de la víctima, noir borgesiano de Adolfo Aristarain: “Soy un arma, el que puede la compra…y la usa”. Cuando Vincent se exhibe en una competición de habilidades da comienzo la puja, como un draft deportivo que tiene lugar en las calles de un París tan violento que solo parecen caber policías y ladrones; y como en el polar según Olivier Marchal, estos resultan indistinguibles.

Fabrice Du Welz deja claro la diferencia entre los dos mundos de Vincent al contraponer, mediante la puesta en escena, la claridad de la competición deportiva y la suciedad cruenta de un tiroteo en un estrecho piso. Los jueces dicen antes del comienzo de esa competición, que no se apunte contra ningún objetivo al que no se tenga la intención de destruir. En Colt 45 las armas solo se alzan para matar; rápido, eficiente, sin más discurso que la trayectoria y el impacto.

La película es formal y narrativamente fiel a esta política.  Abrupta y lacónica, Colt 45 es una historia sobre la caída hacia la realidad, o sobre que te empujen a ella, más bien: un proceso de fabricación aberrante, tan preciso como el que ilustra los créditos, donde Vincent fabrica sus propias balas; tal y como hacía también sobre la secuencia de créditos el policía encarnado por Yves Montand en Policía Python 345; otra caída en desgracia.

 

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