Ser hombre: Foxcatcher

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foxcatcher

En un momento de Foxcatcher, John Du Pont, ornitólogo, filatélico y filántropo, le cuenta a Mark Schultz, Oro olímpico y Campeón del Mundo de lucha libre, que su único amigo cuando crecía era el hijo del chofer.  A lo dieciséis años, dice, se dio cuenta de que su madre le pagaba por serlo.

Toda la escena tiene lugar en el porche de la mansión blanca de los Du Pont, en Pensilvania. John Du Pont está sentado en una silla con su chándal del equipo Foxcatcher. Mark Schulz esnifa cocaína y se mueve sobrexcitado. Durante el diálogo está arrodillado frente a Du Pont. Es su perro. Cobra veinticinco mil dólares al año y vive en lujoso chalet de la finca, entrenando en unas instalaciones impecables.

Solo aparecen dos mujeres en Foxcatcher. Son dos imágenes opuestas de la maternidad. La madre de John Du Pont, a la cual vemos por primera vemos a través de unos binoculares, entre caballos, distante, y la esposa de Dave Schulz, hermano de Mark, Oro olímpico también y prestigioso entrenador. Ella y Dave aparecen siempre en un contexto familiar. Son, por así decirlo, un resumen de la familia.

Dave Schulz es carismático y admirable. Lo es sin proponérselo. Controla con calma todas las situaciones en las que se encuentra. No hace alargo de liderazgo, no da discursos. Dave Schulz es una mano en la espalda desnuda de su hermano. La primera vez que los vemos juntos, en una de las escenas iniciales, Mark y Dave dicen con los cuerpos lo que no dicen con las palabras.

Cuando Dave y Mark luchan, cuando entran en contacto físico, hay algo puro y hermoso. Lacónicos y estoicos, son hombres haciendo cosas de hombres. Cuando John Du Pont y Mark, u otros de los luchadores del equipo Foxcatcher, luchan y entran en contacto resulta tortuoso y desagradable; viscoso e incómodo.
John Du Pont, como Lou Bloom en Nightcrawler, como Jordan Belfort en El lobo de Wall Street, como Danny Lugo en Dolor y dinero, habla usando la retórica del éxito. Habla en discursos, rodeado de parafernalia americana. Mentor, amigo, padre, líder, ciudadano… Aspiraciones ideales que no pueden estar más lejos de la imagen tenebrosa, desconectada, aislada, que ofrece su cuerpo y el paisaje que le rodea. John Du Pont quiere ser todo lo que Dave Schultz es.

Hay entre ellos un abismo de clase. Los Du Pont son el old money, los ricos de verdad. Caballos pura sangre y granjas como estados de la Unión. Los Schultz son clase obrera, al borde la de la white trash, al borde del aparcamiento de caravanas. Su deporte es de hombre contra hombre, sin nada en medio.

Foxcatcher parece filtrada en gris plomizo. Los verdes y marrones del paisaje de Pansilvania son la imagen misma de la tristeza. El azul y oro del uniforme del equipo apenas ofrece color. Todo está atemperado. Todo es siniestro y gélido. La cámara así lo registra. Planos largos, compositivos, planos mirando a los hombres, a los objetos de los hombres y a los huecos de los hombres que son imposibles de rellenar.

Elíptica y extraña, distante y melancólica, Foxcatcher da miedo y da pena. Pena por un hombre bueno, pena por un hombre confuso y pena por un hombre perdido, que pagaba por compañía, que pagaba por sentir y a quien nadie le dijo que dejase de pagar de una puta vez, porque era un millonario excéntrico al cual le gustaba ser un mecenas.

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