(015) Mayo / 9

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El rompecorazones (The Heartbreak Kid) Elaine May, 1972, USA

Comedia de observación del comportamiento humano, oscilante entre lo patético y lo miserable, que sigue las andanzas sentimentales de una recién casado arrepentido, que cree encontrar a su mujer ideal durante la luna de miel en Miami. Con tendencia por alargar el gag hasta la incomodidad, estilo tosco y naturalista analiza las apariencias, ignorancia y el egoísmo patológico de sus personajes y la sociedad de consumo e insatisfacción en la que viven, si bien tamizado por el tono melancólico habitual de Neil Simon, en quien se basa. Le falta desarrollo y precisión en la segunda mitad, aunque los actores la sostienen, en especial un Charles Grodin genial cuyas cuitas y personalidad reverberan en el Will Forte de la estupenda telecomedia Last Man on Earth, llena de paralelismos respecto a esta película.

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Headhunters (Hodejegerne), Morten Tyldum, Noruega, 2011

Thriller grotesco sobre la caída en desgracia (y redención) de un amoral cazatalentos corporativo, en ratos libres ladrón de arte para costearse su lujoso modo de vida y paliar frustraciones personales, cuando se vea envuelto en una brutal operación de espionaje industrial. Más repetitiva que trepidante, llena de humor negro y violencia, mediocre en todos sus apartados técnicos (menos la música que es pésima) basa la evolución de la trama en un encadenado intolerable de casualidades y giros baratos que solo llevan a posteriores explicaciones en off. Lo único interesante se encuentra en la homologación, de brocha gorda, entre las prácticas criminales y las empresariales.

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Kingsman. Servicio secreto (Kingsman. The Secret Service), Matthew Vaughn, GB, 2014

Síntesis de Brain Clemens y Owen Jones en una celebración de la ultraviolencia, el movimiento y el modo correcto (y sartorial) de matar. La ambigüedad ideológica y el gusto por lo grotesco de Mark Millar, autor del cómic de referencia al cual se despoja de cualquier aspecto realista (y de prácticamente todo) en favor de la hipérbole (meta)bondesca, ofensiva y autoirónica, es enfocada por Vaughn hacia el festín nihilista; todo lo cual la presenta como perfecto (y superior) programa doble junto a The Interview. Rodada como si la cámara levitase y editada con precisión habla de la conversión de la pantalla digital en un tebeo fluido, donde nada es imposible de representar como si fuese real.

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Locke, Steve Knight, 2013, GB

Otra fábula contemporánea de Steve Knight que reduce el universo de este al mínimo, pero manteniendo las constantes estético-temáticas (nocturnidad, uso del color y el borrón, fragilidad de la masculinidad, disolución de la personalidad, culpa-responsabilidad-redención…). No parece alargada pero sí redundante, martilleando sobre su mensaje, donde todos los elementos son metáfora del tema central: la grieta del hombre sólido que hace a este colapsar.

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Safe, Boaz Yakin, 2012, USA

Un antiguo agente, ahora caído en desgracia, se cruza en la huida de una niña china a la cual una banda usa como calculadora humana. Chino, rusos y policía corruptos con Jason Statham en el medio y la ciudad como escenario. Reminiscente (con buena voluntad) de aquel Fresh de mediados de los 90, el argumento es una excusa para sostener el movimiento de un western urbano construido a la medida de la combinación de brutalidad y gracia de los movimientos de actor. Serie B honesta.

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Fast & Furious 7 (Furious Seven), James Wan, USA, 2015

Entrega terminal de la más aparatosa y absurda saga de la acción (hiper)moderna que para la ocasión canibaliza Los Vengadores en particular y los superhéroes por extensión. Cierto que las trágicas condiciones en las cuales se fabricó pueden ser disculpa, pero al contrario que en las dos partes precedentes la película está sin articular, es deslavazada y se regodea sin ironía en su propia mitología. Con el villano entrando y saliendo a capricho (tal vez para que Statham solo robe partes y no el show completo), los personajes reducidos a cameos y Diesel acumulando protagonismo narcisista beneficiado por la salida de Justin Lin de la franquicia. Su sustituto, James Wan, parece tener más pedigrí pero no está equipado con las habilidades específicas de Lin. Se limita a sobreescribir (mal) y desplazar la cámara en lo que sin duda es un nuevo record de movimientos gratuitos.

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The French Kissers (Les beaux gosses), Riad Sattouf, 2009, Francia

A partir de reconocibles referentes ajenos (Supersalidos) y propios (las comedias de Claude Pinoteau para la juvenil Sophie Marceau), Sattouf fabrica un tebeo en imagen real, cuya estructura de tira cómica y la agilidad en la caricatura de los personajes delata el origen del cineasta. Honesto, sin miedo al humor bochornoso o la vergüenza ajena, desborda sentido de la observación, frescura y una medida del gag perfecta.

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Ex_Machina, Alex Garland, 2015, GB

Sinuoso relato de ciencia ficción existencialista reducido a un cuarteto de personajes y centrado en la manipulación y las estrategias de supervivencia de una inteligencia artificial de aspecto femenino donde parecen convergen Ira Levin y Philip K. Dick. Mejor puesta en escena que escrita, pese a ser obra de un novelista y guionista, se acoge a un estilo minimalista de penetrante cualidad paranoica, con ciertas trazas de Donald Cammell y notable influencia de Jonathan Glazer, admitiendo incluso el paralelismo respecto a Under the Skin en su mirada común a la sexualidad, la alienación y el autodescubrimiento.

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Sweetwater, Logan Miller, 2013, USA

Extravagante western ácido (retomando la nomenclatura de Jonathan Rosenbaum), que sintetiza violencia grotesca y sadismo al estilo del spaghetti-western y lirismo lacónico post-Winding Refn. Cuenta la venganza de una exprostituta contra un ranchero místico, expulsado de Salt Lake City, con la figura intermedia de un bufonesco marshall encarnado por Ed Harris haciendo de Dennis Hopper. La composición es un tanto relamida, si bien hermosa cuando opta por la sequedad impasible a juego con el underplaying de January Jones, cuyo vestuario avanza desde lo mundano hasta el uniforme púrpura de ángel de la muerte.

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