La memoria disolvente: Puro vicio

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Puro vicio es un réquiem por el sueño. Una reflexión sumida en la confusión lisérgica, discontinua, fragmentada, deshilachada, sobre lo que se desvanece. Todo en ella tiende a desaparecer. Las personas desaparecen, los lugares desaparecen. América misma se desvanece en la frontera de los 70: un fundido encadenado hacia la oscuridad y la amargura. “Sicodélico es tu estado / Tiempo mal aprovechado”, cantaban Los Ángeles Salvajes.

No extraña, entonces, que la figura retórica que puntúa visualmente la película sea la del fundido encadenado. Imágenes superponiéndose, encabalgadas, disolviéndose: el impasse de lo que sucedió y lo que sucederá. El duermevela, la niebla ácida. El espacio habitado por el recuerdo evanescente de un ideal.

 El formato que adopta es el de una parodia del cine de detectives, del hard-boiled. Una donde convergen las propias preocupaciones de Anderson sobre América y la herencia contracultural de Terry Southern o el cómico Buck Henry. Ignoro, puesto que no la he leído, si la novela de Thomas Pynchon asimila poco o mucho a Raymond Chandler, a Howard Hawks o a Robert Altman, pero si a algo se parece la película de Anderson, y esta si la he visto, es a Candy o a Shampoo, incluso a No hagan olas, la anticomedia playera de Alexander Mackendrick.

Aquí está Ashby, claro, también Milos Forman o Mike Nichols y la extraña correlación con las formas y el espíritu de las últimas temporadas de Mad Men, así mismo una obra sobre la disolución ideológica, moral, vital y estética.  Pero sobre todo está Anderson y su obsesivo relato de la psicogeografía californiana, su melancolía existencialista, su extraña mixtura de espontaneidad y control donde los largos intercambios de diálogos entre personajes adyacentes de una historia donde todo es adyacente y no hay centro, se combinan con precisas escenificaciones, ultraestilizadas y geométricas.

La América de Puro Vicio es la de las conspiraciones como parte esencial de la cultura pop post-Kennedy. Esa donde todas las fantasías  e historias son reales. En especial las que lo son, las que dan miedo. Es la de Charles Manson terminando con el verano del amor de una puñalada en un vientre preñado, la de Altamont y sus moteros nazis del infierno. Es la América de después. Una América adicta a sí misma, directa a la autodestrucción.

Puro Vicio es una película que parece la portada del On the Beach de Neil Young: un naufragio vital en la arena de California, una playa fronteriza con la nada. Otra vez la desaparición, la disolución. Anderson cuenta, al final, un romance paranoico con un lugar y una mujer que lo sintetiza, una narrada e idealizada, claro, que se aparece perfecta, como escapada de un sueño narcótico y reaparece sórdida y desesperada en la mañana de la resaca. Y aun así la quieres, y piensas que todo puede ser como antes aunque nos guiñes un ojo desde una imagen antinaturalmente iluminada que desnuda el trampantojo.

Lo que le ocurre, quizás, a Puro Vicio es lo mismo que le ocurría a la psicodelia a finales de los 60, cuando las drogas, demasiadas drogas demasiado tiempo, condujeron a la autoindulgencia; y de ahí al rock progresivo o a Los Eagles hay muy poco trecho. Quizás, otra vez, Anderson sea coherente con lo que aquí experimenta y su película, que como Apocalipsis Now no va sobre Vietnam, sino que es Vietnam, degenere igual que la época.  O a lo mejor es lo que decía Neil Young en Ambulance Blues: “Es fácil quedarse enterrado en el pasado / Cuando intentas hacer que algo bueno dure”.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    “las drogas, demasiadas drogas demasiado tiempo, condujeron a la autoindulgencia; y de ahí al rock progresivo o a Los Eagles hay muy poco trecho”
    ?En qué sentido? Es que precisamente estoy escuchando mucho a Led Zeppelin (el III es mejor que el IV, en serio) y a los Eagles, últimamente.

    1. Un verdadero coñazo ambos dos.

      1. John Space dice:

        Sí, sí… Yo pensaba lo mismo a tu edad, y mira. Gracias por el link, eso sí.

  2. Sam dice:

    Como usté también tiene el vicio futbolero, le felicito por el ascenso del Gijón. ¡Qué final de liga, ni en Hollywood hacen esos giros argumentales! La peli me la apunto. Un abrazo.

    1. Fue casi más de tragicomedia italiana!

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