La mala prensa: Ausencia de malicia

http://www.cinearchivo.com/site/Fichas/Ficha/FichaFilm.asp?IdPelicula=2118&IdPerson=16039

Lo más interesante de Ausencia de malicia no es lo que aparece en sus imágenes sino aquello que Sydney Pollack deja en irónico off: el desencadenante de la historia, la desaparición y más que posible asesinato de un líder portuario en Florida, termina por perderse en los meandros de la misma. Tal vez porque eso es lo que pasa en la realidad, tal vez porque un crimen como el que aquí se presenta, lleno de intereses cruzados y connivencias políticas es sepultado por el papeleo, los procedimientos y los titulares.

Lo trágico de Ausencia de malicia no es que el honor de un hombre quede manchado y expuesto por intereses personalistas, narcisistas incluso, o por equivocadas nociones de la profesión y la verdad, sino que todo el proceso no acaba en nada; o más bien acaba por llevarse por delante a una inocente y olvidar a un asesinado y las razones de su asesinato.  Nada se resuelve, como digo, lo adjetivo se come a lo sustantivo.

A la película de Pollack le sucede un poco igual: en algún momento pierde el rumbo, se enreda sobre sí misma y no resuelve, o resuelve mal y con prisas. En una de sus últimas secuencias, como si Pollack se hubiese percatado de que tenía que cerrar el relato, volviendo de los paseos sentimentales de un hombre arisco que colonizan la película, todos los personajes del drama (que parece farsa cruel) son reunido por uno nuevo, aparecido por ensalmo, que les da/nos da la lección.

Es una secuencia insostenible que, paradojas, sostiene el oficio sobrio de la dirección y la presencia-resumen de un actor de carácter formidable como es Wilford Brimley, a quien Pollack ya había usado en El jinete eléctrico, su extraño western contemporáneo del 79. Brimley ejecuta con aplomo y carisma el tropo clásico del relato de misterio donde el detective reúne a los sospechosos y les explica como resolvió el crimen y quien es el culpable. Aquí no es un detective, sino la voz del gobierno (o del guionista, que tanto da) que pone orden, resume la cuestión y le dicta a cada cual su pena o su vergüenza después de que el personaje de Newman les haya hecho quedar a todos como imbéciles manipulándolos en su propio terreno de intereses y narcisismos.

Y es una lástima como acaba, o en que deriva, Ausencia de malicia ya que su primera parte, culminante con el agrio enfrentamiento entre Newman y Sally Field a consecuencia de una muerte injusta e irresponsable (la del excelente personaje de Melinda Dillon quien no solo tiene las mejores escenas, sino las mejores composiciones) resultaba una notable crónica melancólica. Pero todo se dispersa y entonces el escaso peso de Sally Field queda en evidencia y lo que en Paul Newman era hosquedad de tipo dolido por sus fracasos se convierte en palmario desinterés y ausencia. Newman se vuelve entonces retórico y autosuficiente, impidiendo empatizar con el antihéroe de la historia. La dirección se reblandece también, la puesta en escena, serna y precisa al compás de una excelente (siempre) Dave Grusin se vuelve un ir y venir de planos funcionariales, todo como si la tendencia del cineasta por revisitar, desde un prisma contemporáneo, el melodrama hubiesen chocado contra el irresoluble problema del agotamiento interno de la propia película.

Inconsistente, tediosa por carecer de objetivo, Ausencia de malicia hace pensar en su comienzo en un Pollack coqueteando con ser Lumet cuando desliza temas interesante sobre la conflictividad laboral o racial o cuando, sin subrayarlo, pinta un fresco profesional que es como un corte estratigráfico. Pero, sucede, que donde Lumet era duro e implacable, áspero e incluso brutal, Pollack es gentil, definitivamente blando en su desencanto vital e ideológico.

absence-de-malice-1981-01-g

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Teo Calderón dice:

    Otro de los “films críticos” del realizador de “LOS TRES DÍAS DEL CÓNDOR”, esta vez quemando un poco de pólvora en torno a los abusos de la prensa y, previsiblemente, fallando una vez más en la diana del tema por tratar al mismo tiempo de no contrariar los intereses y servidumbres que impone la ley de la taquilla. Sólo así se justifica la presencia de Newman y la Field, buenos intérpretes, pero totalmente inadecuados a sus papeles.

    1. Críticos con muchas comillas, sí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s