La X predice: Cure

http://cineultramundo.blogspot.com.es/2013/01/critica-de-cure-kiyoshi-kurosawa-1997.html

cure-1997

Franz Anton Mesmer fue un científico, alquimista, curandero, charlatán y carisma andante que ejerció su oscuro liderazgo en la Europa de finales del XVIII, enfrentado a los colegios oficiales y fascinado a la cortes y salones. Sus teorías del magnetismo animal, el vitalismo, el poder curativo de la energía y la conexión universal de todo tipo de fluidos patafísicos. Su mesmerismo, enfocado a la curación y basado en la capacidad de su propio carisma de dominar voluntades, avanzó futuros avances en la hipnosis científica que por otra parte le quitaron a los conceptos de Mesmer superchería y encanto. El escritor vienés Stefan Szweig le dedicó una de sus biografías, recopilada en un volumen titulado “La curación por el Espíritu”.

¿Qué relación tiene esto con Cure? Desde el título, “Cura”, hasta la profusión con la cual Mesmer es citado y la forma en la cual la segunda y portentosa mitad del film está articulada como una sesión mesmérica, aplicada sobre policía protagonista, inquirido por su némesis con una pregunta abisal, metafísica: “¿Quién eres?”.

La película de Kiyoshi Kurosawa es un anti-thriller sinuoso, de tempo ondúlante, dividido en dos mitades perfectas y antagónicas homogeneizadas por su puesta en escena rigurosa: concisión, manejo del espacio (en “on” y en “off”) y sentido elíptico.  Pero mientras la primera es expositiva y fría, seca, la segunda es analítica y febril, húmeda. La una, con sus componentes extraños, no deja de respetar las mecánicas del thriller de investigación –variante asesinos en serie-; la otra se adentra en territorios alucinados con rigor circunspecto.

Estas caras del relato se articulan en narraciones paralelas que con sentido musical a mitad del metraje se desvían antes de converger. Por un lado vemos los intentos del inspector Takabe, (Koji Yakusho actor que para Kobayashi define al japonés medio), por desentrañar las conexiones entre una serie de asesinatos que solo tienen en común la marca de un horrible herida en forma de X en el cuello y el hecho de que los asesinos no recuerden nada de lo hecho ni tengan razón alguna para haber cometido los asesinatos. Por el otro Kobayashi dosifica la información entorno a un misterioso joven, presuntamente amnésico, que es el inductor a estos crímenes. Y lo hace según una lógica exponencial. Así cada vez que recuperamos su punto de vista se nos muestra algo más de su modo de actuar hasta que finalmente vemos el método al completo, basado en la fuerza mesmerizante de su presencia, sus obsesivas preguntas y su voz. Lo que Kobayashi se guarda es el “Por qué”. La gran pregunta angustiante.

La completa demostración de los métodos de ambos personajes deriva en su definitivo encuentro, que marca el comienzo de una segunda película que de manera natural, cambia de género para acercarse al relato de horror y adentrarse en lo fantástico. Lo fantástico como manera de mirar, casi como un lugar en el cual estar.

En realidad la formulación estética apenas varía: continúa el plano fijo, la elaborada puesta en escena, los lentos movimientos de cámara laterales, el encuadre amplio… pero de alguna manera todo se vuelve más inestable, rarefacto, mediante sutiles variaciones visuales, de sonido y de montaje. Los escenarios parecen ahora extraños, los objetos amenazantes, los espacios pegajosos, los ruidos amplificados… La manera de mirar la realidad planteada en la película es otra y en correspondencia, la película se vuelve otra.

De pronto la historia se desarrolla en el interior de los personajes y no fuera, sus percepciones están alteradas por el contacto con ese magnetismo animal que domina Mamiya, el joven amnésico. Los límites entre lo alucinado y lo vivido se difuminan hasta desaparecer, al igual que lo hace el mismo thriller al cual nominalmente se adscribía la película. Esta reaparece, llena de símbolos a interpretar, pistas secretas, percepciones subliminales… que en realidad siempre han estado ahí: elementos perturbadores insidiosos desde su inquietante prólogo.

La memorable secuencia de cierre define la brillantez de Kurosawa como cineasta, su particular mirada sobre los géneros, el sentido ceremonioso de la violencia y la construcción/reconstrucción del encuadre además de suponer la elegante recapitulación del enfrentamiento entre Takabe y Mamiya: el terrible proceso de curación del policía, que abraza su verdadera naturaleza abriéndose a un legado esotérico, paracientífico y como otro de los personajes define, misionero.

Cure

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. BrunoLD dice:

    Interesantísima y enriquecedora entrada Adrián, habrá que volver a ver esta película teniendo en cuenta algunos de tus comentarios.

    Ya conocía tu blog desde hace unos meses, pero hace poco lo he ido leyendo más a fondo y es muy interesante. Lo enlazo en mi blog si no te importa.

    Saludos

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