El invierno de nuestro descontento: Cuando el viento sopla

Peter Watkins escribía sobre “El juego de la guerra” (The War Game, 1965) en Autobiografía de una marginación  que con aquella pieza de docuficción posibilista le «interesaba romper  la ilusión de “realidad” creada por los medios. Mi pregunta era: “¿Dónde está la “realidad”… ¿en la locura de las afirmaciones de esas figuras de la clase dirigente artificialmente iluminadas  y que repetían la doctrina oficial del momento, o en la locura de las escenas de ficción elaboradas  en un decorado a lo largo del resto de la película y que presentaban las consecuencias de las declaraciones de aquellos personajes?” (…) Ni que decir tiene que, más allá del problema de la forma, mi preocupación  era la de utilizar la película para ayudar a la gente a romper el silencio de los medios sobre la carrera  de armamentos nucleares»

“Cuando el viento sopla” se inicia con una rápida sucesión de segmentos documentales para, en elegante transición, romper la ilusión de realidad e introducir su ficción sobre un bombardeo nuclear sobre Inglaterra en los códigos de comunicación simplificados y a la vez sofisticadísimos del dibujo, de la animación, aquí compuesta de diversas técnicas, combinando espacios creados en maquetas –que permiten ciertos movimientos de cámara sorprendentes- carboncillo, pinturas….

Como exponía Scott McCloud en Entender el comic. El arte invisible, la caricaturización de la realidad, del físico, del cuerpo, produce un grado de identificación, de conexión íntima, especialmente profundo; y cuanto mayor es la estilización, mayor la identificación, ya que esos rostros reducidos a esquemas nos invitan a reflejarnos en ellos o a completarlos con otros familiares. El dibujo de Raymond Briggs que sirve de base, fidelísima, para “Cuando el viento sopla”, es un ejemplo de sencillez formal y depuración: redondeado, cómodo y acogedor, caricaturesco de un modo cándido y entrañable, no grotesco. Síntesis en pocos rasgos y líneas de una iconografía ideal de lo británico.

Los Bloggs, James y Hilda (con las fundamentales voces de John Mills y Peggy Ashcroft; doblados al español por Fernando Rey e Irene Gutiérrez Caba), son quintaesenciales, un decantación icónica de lo ingles. Había aparecido como parte del elenco de secundarios en un popular cómic anterior de Briggs, Gentleman Jim, publicado en 1980, y dos años después el dibujante y guionista los retomó para protagonizar Cuando el viento sopla,  una lacónica y angustiosa denuncia de la escalada atómica y la inutilidad de cualquier programa de protección gubernamental.

Estos panfletos, repartidos ya cuando la 2ª GM durante el blitz alemán, habían sido reformulados para las nuevas realidades nucleares y ya aparecían como tema central en “El juego de la guerra”. En boca de James, Raymond Briggs los cita obsesiva y explícitamente, organizando su tragedia en miniatura, que en realidad es épica y terrible, ejemplar y universal, a lo largo de unos monólogos que James repite hasta vaciarlos de cualquier sentido, imbuyéndolos de la cruda ironía de la demencia.

Pormenorizado y microscópico, el film dirigido por el norteamericano-japonés Jimmy T. Murakami, quien llevaba trabajando desde mediados de los 60 en animación tanto en Inglaterra como en Irlanda y había conocido un notable éxito previo adaptando para televisión otra obre de Briggs, “The Snowman” (1982), mantiene el gran teatro de operaciones de la doctrina MAD, la Mutua Destrucción Asegurada, en un fuera de campo ominoso, que huela a carne chamuscada, suena como estática en la radio y tiene la textura del polvo en suspensión. Un envenenamiento paulatino, un descenso irrevocable a la demencia.

La soledad insoportable, la progresiva claustrofobia de una pareja de ancianos, es suficiente para contar la gran tragedia posible de una humanidad insensible. Esto lleva a la simplificación, claro, pero también a una intimidad impúdica constantemente comparada con la extraña melancolía de los recuerdos infantiles del matrimonio sobre su experiencia en la 2ª GM, de la cual Inglaterra emergió reforzada, directa a la modernidad, superando el statu quo del Antiguo Régimen. No habrá nada de eso ahora, nos dicen Briggs y Murakami; después de la guerra nuclear, que ni siquiera será una guerra como debe de ser, solo un botón apretado y adiós: silencio y agonía.

http://cineultramundo.blogspot.com.es/2014/05/critica-de-cuando-el-viento-sopla-jimmy.html

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    Tome, para complementar el visionado de esta película (que con sólo recordarla ya le deja a uno planchado, joía magia del cine…)

    1. Una comedia, ya le digo…

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