(015) Octubre / 12

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Slow West, John Maclean, 2015, GB/NZ

Cuento del Oeste, más canción que película, sobre el tragicómico proceso de aprendizaje de un muchacho escocés a la búsqueda de su amada y los encuentros, amigo y enemigos que se suceden en un paisaje al tiempo físico y abstracto. Oscila entre lo naif y lo cruento, acogiendo fugas oníricas y apilando citas cinéfilo-musicales (Werner Herzog, Leonard Cohen, Spaghetti Western…) dentro de una mixtura de western pirandelliano (en algún punto entre Monte Hellman y el Bad Company de Robert Benton) y estéticas prestadas de Wes Anderson, Jim Jarmusch o Richard Ayoade. Un capricho que bien puede inscribirse dentro de la recuperación del espacio del western por parte de una serie de directores europeos, pero donde (y paradójicamente) lo más interesante es la intoxicante personalidad propia del paisaje y el color neozelandés que termina casi por nacionalizar el conjunto con sus ecos de Jane Campion o The Price of Milk.

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Una noche para sobrevivir (Run All Night), Jaume Collet-Serra, 2015, USA

Variación sobre el esquema del thriller de/con Liam Neeson, aquí con notas crepusculares y sentimiento de western urbano (y paralelismos industriales con el western gerontófilo de los 60/70). Esta vez se trata de un matón irlandés, ahora decadente, que debe regresar a la violencia para proteger a su hijo del acoso de su antigua banda. La sobriedad de los actores, la elegancia narrativa y de puesta en escena de Collet Serra y la sencillez ética de su historia solidifican en una seria B honesta, que comienza en cierto realismo áspero y termina en la estilización mítica de tebeo.

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Lost River, Ryan Gosling, 2014, USA

Película-capricho, afortunadamente suicida, devotamente superficial, donde el actor-presencia Ryan Gosling expone su imaginario y videoteca bajo la influencia estética de las construcciones de Nicolas Winding Refn. Las afueras de Detroit son retratadas/relatadas como los restos psicodélicos del parque de atracciones del Siglo XX, ya naufragio, en algo así como una versión giallo de Terciopelo azul dirigida por un Terry Gilliam sombrío (y adolescente), donde entran en conflicto las texturas realista y estilizada de la imagen.

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El francotirador (American Sniper), Clint Eastwood, 2015, USA

Intento por parte de Clint Eastwood de explicar el mundo del presente en los términos morales de western, presentando a un hombre-frontera (el héroe perturbado/perturbador) que solo puede existir en la violencia. La nación los usa/integra buscando espacios fronterizos; en esta ocasión un Irak donde solo hay salvajes. Como en el western, como siempre en Eastwood, el discurso no está en el guión, sino en la imagen contradictoria, erigida ahora entorno a uno de esos hombres a los cuales su país les pide que maten por él; y responden con entusiasmo y orgullo profesional. La ambigüedad del cineasta choca en ocasiones contra la tosquedad de quien no tiene tiempo que perder y las propias convenciones/clichés de cine bélico al cual superficialmente se adscribe, pero el conjunto es incómodo por cuanto refleja una mentalidad y una política con crudeza.

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Mad Max: furia en la carretera (Mad Max: Fury Road), George Miller, 2015, Australia

Experiencia con el movimiento y el montaje (y el color en esta entrega), donde Miller revive su idea de una obra en constante movimiento, cuya estructura es como una goma que se estira al límite y luego se recoge con igual violencia. Apura la convergencia con el lenguaje/retórica del tebeo, desde el diseño al concepto de iteración o al ritmo, en un conjunto que reincide en la aleación psicodélica de los Keystone Cops, el western y el glam rock, perdiendo la australianidad en beneficio de una universalidad donde Max, catalizador evanescente, ya no es Max ni Australia, paisaje post y pre humano, es Australia, sino sustitutos reinventados de los cuerpos y espacios originales. Vigorosa, sin duda, deslumbrante, por comparación, carismática, por naturaleza, pero Miller ya estuvo en ese mismo lugar, mucho antes y con muchos menos medios.

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Belyy tigr (White Tiger), Karen Shakhnazarov, Rusia, 2012

Relato sobre la obsesión de un tanquista ruso, imposible superviviente de un vehículo calcinado, con la figura mítica de un Tiger pintado de blanco. Variación sobre Moby Dick (claro) que traslada la mecánica/lógica de la película de monstruos a un contexto bélico, hasta el extremo de presentar los tanques como animales fantásticos y establecer un vínculo esotérico entre estos y el protagonista. La agradable mixtura fantastique, que incluso acoge elementos del western, se va diluyendo entre pretensiones metafóricas que desembocan en un enigmático (doble) epílogo, donde el tanquista, ya símbolo, vigila por la madre Rusia mientras la bestia mecánica es sustituida por otro tipo de fantasma.

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Terminator Genisys, Alan Taylor, 2015, USA

Mix de remake-secuela-fanfiction que usa desde tebeos de la Dark Horse a la serie de TV pasando por todas las secuelas y desemboca en “Terminator: la comedia”; una síntesis de nostalgia y camp.  Todos los personajes sienten la irrefrenable necesidad de soltar una gracia en cada diálogo (¿un efecto post-Marvel?) y guiñarle el ojo al espectador, cómplice, poniéndose por encima del material que habitan delatando que saben que esto no es más que es “una peli mala-pero-buena”. Esto desactiva tanto cualquier sensación de peligro y/o drama como lo cual desactiva algunos aspectos en las relaciones humano-máquina y o sobre la degradación-vejez de los productos; martilleado todo ello, en cualquier caso, en base a una sintaxis basada en la repetición a modo de puntuación (escenas completas un, el uso de la música “de Terminator”…) y el atajo. Carece de cualquier idea propia, estéticamente deja un par de momentos de FX y una buena (por demente) pero brevísima persecución sobre un puente. La puesta en escena del resto es anodina, funcionarial. El conjunto, idiota perdido.

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The Final Girls, Todd Strauss-Schulson, 2015, USA

Metaslasher/metacomedia que viene a homologar tradiciones de la cultura pop USA como el National Lampoon y el horror grotesco en un encuentro entre Wet Hot American Summer y la herencia de Scream cristalizada en una parodia de un exploit de Viernes 13; pura autoconsciencia y complicidad con su consumidor, en definitiva, al punto de que este atraviesa el velo para, a través de los protagonistas participar en una de esas películas desarticulándola desde dentro. Ejecutada antes y ejecutada mejor, sus ideas argumentales son de tercera mano y las plásticas de segunda. Ni la estilizada iluminación, color y música al gusto “nostalgia de los ochenta” (banda sonora synth, amarillos y rosas ácidos…), ni su humor marisabidillo ocultan, al contrario, la suficiencia respecto a sus referentes (si bien puede ser un retrato fidedigno de la ironía melancólica y camp de nuestro presente) que por supuesto no incluían dosis tan indigestas de sensiblería ni eran tan pacatas en lo relativo al sexo y la violencia.

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Dope, Rick Famuyiwa, 2015, USA

La(s) historia(s) de un muchacho de Inglewood a quien se le presentan toda una serie de futuros posibles (ser un músico de éxito, ser un camello de éxito, ser un estudiante de éxito…) dentro de una versión saneada y asimilable del angst de Spike Lee (o este visto por John Hughes, visto por Tarantino, visto por…). Milimetrada para gustar, mocha y mansa, sermoneadora e incongruente, entra por los ojos con su imagen luminosa y sus actores con chispa mientras anuncia la próxima comercialización de la nostalgia: la de los noventa.

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En toute innocence, Alain Jessua, 1988, Francia

Thriller doméstico donde el descubrimiento de la infidelidad de su nuera desencadena una serie de hostilidades en espiral, de la tensión psicológica a la planificación y ejecución de un asesinato perfecto. La habitual observación de las miserias burguesas del cine francés, matizado por Jessua a través del humor negro y la perversidad doméstica. Rico en elementos paranoicos y absurdos, se mira en Chabrol y Hitchcock pero en un modesto formato de Segunda División.

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Misión Imposible: Nación secreta (Mission Impossible: Rogue Nation), Christopher McQuarrie, 2015, USA

Ballet de acción donde la saga que redefinió a Cruise como estrella de acción adquiere un tono crepuscular, recapitulativo, donde el superagente parece más que nunca al borde del fracaso y la obsolescencia. Reincide en la mixtura de ciencia ficción, espionaje y proezas físico-técnicas, para establecer tanto un diálogo respecto a los motivos recurrentes de la serie como entre sus propias secuencias e imágenes. El resultado es una obra coreográfica y circular, por momentos fantasmagórica, donde la variación y la repetición ofrecen una serie de elegantes soluciones narrativas y de puesta en escena. Cruise, inteligente, saca partido ambivalente a su edad, tanto para lucirse personalmente como para hacerse un lado y dejar brillar a la mesmerizante Ilsa Faust, esto es, Rebecca Ferguson.

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Bone Tomahawk, S. Craig Zahler, 2015, USA

Relato del Oeste donde entre elegantes citas a clásicos del género (de Río Bravo a La venganza de Ulzana), convergen los “Devoradores de cadáveres” de Michael Crichton con Desapariciones, aquella entrada en el weird-western dirigida por Ron Howard. Algo rígida y corta de recursos en cuanto a puesta en escena, tanto esto como su inmoderada duración son compensadas por la seca truculencia del tercio final. El humor usado para definir a los personajes y sus relaciones, la fisicidad llevada al punto de la abstracción y la deriva hacia el relato de supervivencia(s) personalizan el conjunto, al tiempo que hacen pensar en la sensibilidad bárbara de John Milius, quien por desgracia nunca dirigió un verdadero western.

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