San Martín: Los señores del acero

Nota: En 1969, Rutger Hauer, Paul Verhoeven y Gerard Soeteman fueron la estrella, director y guionista de Floris, una serie medieval para la televisión holandesa. Facturada a imagen de otras que triunfaban en el periodo en distintos países europeos. Narraba las aventuras de un caballero retornado que buscaba restituir su nombre, al cual acompañaba un leal amigo hindú (apréciense las concomitancias con el Robin Hood, príncipe de los bandidos de Kevin Reynolds/Kevin Costner) y fue el primer encuentro entre las tres personalidades más reactivas de la historia del cine del país. En 1975, ya tras Delicias turcas y Katy Tippel, conoció una segunda entrega con el título de Floris von Rosemund, ya sin dirección de Verhoeven. En 2004, con Soeteman todavía como guionista, se lanzaría un remake. Floris era un entretenimiento familiar, aventuras limpias en tiempos sucios. En Los señores del acero, reciclaron elementos de Floris, ideas sueltas que no pudieron plasmar y otras que sí pero no. Los señores del acero es la verdad tras Floris, el revés de la trama, el sucio.

Martin, santo guerrillero, mercenario de por vida, rey por un día.  Soldado, de a sueldo, comienza el relato recibiendo no una moneda sino una ostia. Bendecido para matar, limpio por anticipado. Una ciudad amurallada, el asalto y la razzia, el pillaje, el botín de guerra; el sobresueldo. Al pagador no les gustan sus pagados, le recuerdan la suciedad de la tarea. Así que los expulsa haciendo caer en desgracia a un capitán, Hawkwood. Maldito por traidor al oficio, maldito por haber herido a una monja. Martin y su grey son ricos y triunfantes por un momento, luego a la calle, extramuros, sin nada más que la espada. Igual que llegaron.

Los señores del acero, romance brutal, está escrito en rima y su principio es su final invertido. Siguiendo los signos, siguiendo la imagen de san Martín desenterrada de un suelo que será tumba de un recién nacido metido en un barril de alcohol como féretro, los mercenarios se convertirán en señores. Son una sociedad ideal e igualitaria, una comuna sanguinaria vestida entera de rojo donde combaten hombres mujeres y niños sin distinción. Y en ella, la semilla de la desigualdad: la antidoncella (en terminología usada por Nuria Silva para referirse por igual a esta y a Los odiosos ocho), la doncella subversiva encarnada en Agnes (Jennifer Jason Leigh).

Cuando se asientan se estructuran. Se avienen a un orden interno bajo la égida de San Martín y el liderazgo de Martin, primus inter pares. Crean su sociedad. Con su culto religioso, con sus nuevos modales y su ornamento, con sus escalas. Agnes le desafía a usar los cubiertos. Les civiliza, les debilita como hace con Martín al alterar el orden de su propia violación/iniciación, donde además se escenifica el conflicto futuro entre grupo en individuo.

Martin y Agnes comienzan a vestir de blanco. Ya no son iguales. Rey y Reina. El orden se tambalea, la armonía se ha fracturado. Entonces, desde el exterior, la enfermedad inoculada. Cismas simbólicos y reales, imperiosos. La pequeña sociedad se autodestruye en intrigas y egoísmos de inmediato. Antes de disolverse definitivamente cada cual ha recuperado su indumentaria: todos diferentes, cada uno a lo suyo.

Entonces el asedio. La sociedad decadente dentro, el antiguo empleador fuera. Asaltantes asaltados. En la sangre, las armas y el fuego muere la sociedad y el culto a San Martín. Martin, como el diablo que es, sale del castillo tal y como entró: a través de la chimenea. Pequeños círculos dentro del gran círculo. Martin, otra vez fuera de la ciudad y lejos de las ganancias. Solo con su espada, vuelta al viejo oficio. La estructura irónica, verhoveniana.

Entre medias, los amantes. Sellados bajo el árbol del ahorcado tras comer la raíz de la mandrágora fertilizada por la eyaculación final. Steven, el joven noble estudiante, se pasará el tercio final del relato con una cadena al cuello. Ahorcado en tierra. Sobre los mercenarios, antes de ser expulsados de la primera ciudad, una soga ardiente. Signos, malos augurios, fe y paganismo. Steven es un hombre de ciencia, un futurista. En el proceso tendrá que barbarizarse. Inventa ingenios de guerra, pero su lucha final contra Martin será mano a mano, primaria.

La putridez del ahorcado avanza elementos de la trama. La carne podrida del perro, la carne enferma de Hawkwood, el capitán desgraciado. El conducto de la peste. Carne y sangre, el título lo simplifica todo. Relato escatológico, como siempre en Verhoeven, relato de mierda y muerte donde el sexo es por igual celebración y arma. Incrustado en el dos historias de amor grotescas, parodias del cine medieval: la de Steven y Agnes, nunca consumada, y la de Martin y Agnes, consumada a la fuerza primero y con perturbador placer después. Verhoeven arrastra lo idealizado por el barro, la sangre, la mierda y la carne.

Los señores del acero tiene algo de western. Un western renacentista. Un renacimiento en guerra. Una época de muerte y avances. Algo de western; la chica pálida raptada, la tribu nómada que se asienta y entonces muere. El colorido, los gritos de guerra durante la matanza y la dicotomía salvajismo/civilización. Para los mercenarios la civilización supone el final. Claudican ante ellos mismos, se traicionan convirtiéndose en aquello que antes atacaban; por tanto, son atacados, aniquilados y desposeídos. Los amantes, en cambio, se barbarizan. Descienden a un nivel primitivo, más puro, de deseos claros y simples como los que antes tenían los mercenarios. Usan sus cuerpos como armas, su astucia, su habilidad. Sobreviven para la próxima, Como Martin, el pícaro diabólico, el mercenario definitivo. La ironía.

Nota:  en el mismo años 1985 Rutger Hauer era romántico maldito, héroe como Floris, en la fantasía medieval Lady Halcón.  junto a Michelle Pfeifer y dirigidos por Richard Donner. Aparecía vestido de negro, como un galán gótico. Atractivo y oscuro. Verhoeven lo hacía vestir de blanco y sonreír y jugar y matar y follar. Otra ironía, sincrónica, perversa.

Dossier Paul Verhoeven en Cinearchivo

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    Aquellos excelentes cómics europeos que serializaban en Cimoc…

    1. Tiene mucho de ese mundo, en efecto. No sé si Verhoven es de tebeos, pero muchas de sus pelis llevan la impronta.

  2. cesskar dice:

    Geniales sus artículos.

    1. Mil gracias por leerlos!

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