(017) Febrero / 14 (+1)

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Mud, Jeff Nichols, 2012, EEUU

Fábula sureña, incrustada en ese (en la práctica) subgénero de los niños fascinados por adultos criminales, que parece más un Dickens en el Mississippi que un Twain y admite contactos con el cine de David Gordon Green. Sobria pero sin ninguna particularidad estética propia, intercambiable por tanto con el estilo de otros tantos directores contemporáneos (planos detalle, impresionismo, cámara temblorosa/quietud, aislamiento en el plano/paisaje…), subraya insistentemente los paralelismos entre sus subtramas, todas de rampante misoginia, así como los simbólicos (e incluso religiosos) mientras va y viene de la triste realidad del protagonista a la semifantástica que Mud le propone en su pequeña isla. Monótona, redundante e interminable, con una explosión de violencia final por completo innecesaria que solo parece tener por objeto mostrar la habilidad para planificarla.

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Wings of the Hawk, Budd Boetticher, 1953, EEUU

Mezcla de relato de aventuras y western, con un cínico americano con una mina de oro en México que tras ser expropiado a la fuerza por el gobierno militar debe tomar posiciones en la Revolución. Como siempre en Boetticher la concisión narrativa y la postura moral  son caras de lo mismo, pero en cambio los elementos melodramáticos resultan poco convincentes, lejos del ascetismo que llegará a alcanzar. Un producto agradable, con excelente puesta en escena del movimiento, expresivas composiciones que buscan aprovechar el 3-D original y gran dúo protagonista.

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Love & Friendship, Whit Stillman, 2016, Irlanda

Adaptación de Jane Austen, esta vez sin subterfugios, donde Stillman consigue que sus limitaciones de estilo se conviertan en precisión y concisión de forma y discurso. Así y todo, algo redundante en su parte central. Planos medios y largos, preeminencia de la composición sobre el movimiento (genial el último cuadro), capacidad de observación, humor irónico, sutileza y repetición sirven para una síntesis de comentario social, sátira de costumbres y flirteo con la parodia del género/formato. La historia: las maquinaciones de una viuda (antiheroína absoluta) por conservar su posición, y asegurar la de su hija, en un contexto parasitario, despiadado bajo la capa del protocolo. Más ácida, amarga y cruel de lo que su ligereza deja ver, habiendo perdido Stillman la melancolía de Metropolitan a favor de una lucidez desapasionada.

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Men With Wings, William Wellman, 1938, EEUU

Ejemplo de cómo el gran cine/relato americano no cuenta tramas, sino personajes y lo que a estos les pasa. En este caso los amigos involucrados directamente en el surgimiento y desarrollo de la aviación sirven a Wellman para hablar de sí mismo (fue piloto de combata durante la 1ªGM) y de su país. El primer cuarto, la infancia y juventud del terceto protagonista, es de una belleza estremecedora, con una imagen sencilla y luminosa, todo en exteriores verdosos y dorados, definiendo por ella misma la idea del “Americana”. Movimientos de cámara y encuadres expresivos, progresiva oscuridad y un elogio del espíritu pionero nacional que esquiva el triunfalismo al mirar de frente a sus personajes/experiencias, cimentado todo ello en la dualidad entusiasmo/renuncia, futurismo/melancolía. Soberbia interpretación de Ray Milland, gran personaje femenino, impresionantes imágenes aéreas y correspondencias respecto al Escrito bajo el sol de Ford.

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The Cruel Sea, Charles Frend, 1953, GB

Producción bélica de la Ealing, recordando tanto sus previos títulos de esfuerzo bélico como el hecho de no ser una productora limitada a la comedia idiosincrática, sobre el curso de la 2ªGM desde el punto de vista de una corbeta inglesa. Frend, experimentado en el género, usa con habilidad el material de archivo y rueda secuencias bélicas notables, pero la guerra la experimentamos a partir de los rostros de los personajes, capturados en el encuadre, y la minuciosidad del día a día. Esencialmente espartana, antiheróica y antiromántica, incluso los elementos de melodrama aparecen no tanto desapasionados como presentados dentro de una aire de resignación. Se permite cierto expresionismo (en especial el uso del claroscuro) dentro de su tono pseudo-documental y contiene secuencias de gran fuerza, como la de las lanchas tras el hundimiento.

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Private Property, Leslie Stevens, 1960, EEUU

Thriller psicológico independiente, primer película dirigida por el extraño Leslie Stevens y durante muchos años perdida, sobre el asalto de un par de vagabundos a un ama de casa frustrada en las colinas de Los Ángeles. Precedente del home invasión, es demasiado obvia en su descripción de la insatisfacción burguesa y lleva su estilo enfático (entre Aldrich y Europa) al punto de lo grotesco. En compensación usa bien el paisaje soleado, incide en el fetichismo y la turbiedad sexual y trabaja sobre la puesta en escena haciendo que ese estilo barroco, que pertenece a los vagabundos, colonice poco a poco los espacios de la mujer hasta desembocar en el violento clímax.

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Conflicto íntimo (The Man Inside), John Gilling, 1958, GB

Producción inglesa tratando de pasar por norteamérica y ambientada en diversas capitales europeas (Lisboa, Madrid, París…) sobre la persecución de un diamante robado. Con cambio de objetivo y la sustitución de Victor Mature por Jack Palance y Trevor Howard por Nigel Patrick parece ser una variación sobre un título previo de Gilling con/para Anita Ekberg, Policía internacional. Parece a medio terminar y aunque algunas escenas funcionan por sí mismas el conjunto es amorfo e irritante por su insistencia en el humor ramplón y su falta de coherencia en el tono, a veces pulp estricto, a veces parodia del hard-boiled americano.

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Cagliostro (Black Magic), Gregory Ratoff, 1949, EEUU

Mezcolanza camp de aventuras, melodrama y fantasía (a)histórica a partir (o con la excusa) de dos novelas de Dumas y la propia vida de Balsamo/Cagliostro. Con Welles prorrogando, con Ratoff como intermediario, sus intereses por la megalomanía y el poder pero dentro de un relato deslavazado, lleno de clichés y carente, precisamente, del sentido del delirio característico de Welles director y del demandado por la mezcla de venganzas gitanas, hipnotismo, intrigas cortesanas, identidades dobles, capa y espada, etc…. Hay puntuales aciertos estéticos, pero vienen más de la aportación (decorados, vestuario, fotografía) de los profesionales italianos, la película se rodó en Roma, que de un trabajo formal coherente. Mal interpretada en general, ridícula incluso durante el clímax judicial y con una voz over espantosa; un desperdicio de medios y personaje.

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The One I Love, Charlie McDowell, 2014, EEUU

Una pareja en crisis acepta pasar un fin de semana en una casa de campo; de inmediato comienzan a interactuar con versiones a medida de ellos mismos. Melodrama matrimonial, comedia de observación y ciencia ficción paranoica, que nombra de modo literal a The Twilight Zone como su espejo. El montaje fragmentado puede llegar a irritar, en especial por lo que revela de inseguridad, pero el equilibrio entre la sencillez en la ejecución y la ingeniosa sofisticación de la idea funcionan debido, precisamente, a la modestia general en cuanto a escala de producción. La parte final es un tanto aturullada, como si no supiese hacia dónde ir, aunque el twist irónico de cierre compense y rinda homenaje a la tradición a la cual pertenece. Sin poder confirmarlo parece relacionarse en tono/forma/temática con otros trabajos de los hermanos Duplass, aquí solo productores y en el caso de Mark protagonista junto a la estupenda Elisabeth Moss.

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Los desbravadores (The Rounders), Burt Kennedy, 1965, EEUU

Kennedy es una clase extraña de director. Parece siempre decidido a sabotearse, incapaz de reprimir su disposición hacia el humor burdo y el perfilado grosero. Aquí resulta más frustrante que nunca, porque la microhistoria  sobre la temporada de un par de vaqueros veteranos y sin muchas luces en Arizona es excelente. Cuando el tono mezcla la ligereza humorística, la melancolía y el patetismo, cuando se centra en la labor y el paisaje por el que el tiempo no parece haber pasado y los rostros de Fonda y Glenn por los cuales sí, la película es otra cosa. Está llena de compasión, de complicidad, es vitalista y triste por igual; lúcida. Lástima de Kennedy, pena de su falta de confianza.

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McVicar, Tom Clegg, 1980, GB

Vida y hazañas de John McVicar, legendario atracador y fuguista de finales de los 60, contada por él mismo. Pese a ello, y debido a la sequedad de tono en escritura y puesta en escena, evita en su mayor parte la hagiografía o el elogio, ciñéndose a cierto canon sucio para el género en Inglaterra que su director había aprendido en la serie The Sweeney. Mejor la concentración de su primera mita, los pormenores de la vida en una cárcel de máxima seguridad en Newcastle, que la segunda, pese a aciertos en la observación de la cotidianidad del criminal/fugitivo. Roger Daltrey, debido a su particular físico/rostro/actitud, no desentona en el estupendo reparto de tipos, como tampoco lo hace el cantante pop Adam Faith.

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Il Bandito, Alberto Lattuada, Italia, 1946

Noir de posguerra, coincidente en elementos dramáticos y estéticos (la inadaptación del excombatiente, el claroscuro…) con el norteamericano pero personalizado por la conexión con el neorrealismo y con una mayor franqueza sexual. Los aspectos melodramáticos-sentimentales terminan por pesar a lo largo de su segunda mitad, aunque el final sea de una belleza estremecedora, mientras la primera resulta más áspera, sórdida y desesperada debido a lo descriptivo del ambiente del Turín tras la guerra. Protagonismo para dos estrellas (y excelentes intérpretes) del periodo, Amedeo Nazzari y Ann Magnani, impresionante uso del primer plano y las sombras y puntual barroquismo estético.

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Buffalo Soldiers, Gregor Jordan, 2001, EEUU

Aparición del australiano Gregor Jordan en el cine USA prorrogando el estilo/tono de su previa Two Hands, esta vez dentro de una sátira del ejército americano ejemplificado en un base en Alemania durante la caída del muro. La historia se centra en los planes de un soldado (Phoenix) involucrado en todo tipo de negocios sucios y su rivalidad con un brutal sargento primero (Glenn). Un tanto atropellada y sin armonía entre sus elementos ofrece, en cambio, una mirada desapasionada, de un cinismo desolador, sobre un microcosmos de pícaros, delincuentes, incompetentes, drogadictos, estúpidos o sádicos. La coda final resulta memorable y el mensaje, como en aquel capítulo del los Simpson, no conoce piedad: no hemos aprendido nada de nada.

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El misterio del cuarto número 13 (Zimmer 13), Harald Reinl, 1964, Alemania

Krimi de manual, amalgama de intriga(s), humor (cargante), gotas de erotismo (y apuntes fetichistas) y algo de truculencia, según (o no) alguna novela de Edgar Wallace, ambientación inglesa inconfundiblemente alemana y estupenda banda sonora jazzística. Joachim Fuchsberger es un poco creíble detective seductor y los misterios se solapan: por un lado asesinatos en serie de muchachas, por el otro un sofisticado asalto a un tren correo de sorprendente similitud con el real al tren de Glasgow, ocurrido en 1963. Nada especial, pero con personalidad y una equivalencia respecto a la literatura de kiosko de la cual procede absoluta. Está bien dirigida por Reinl, uno de los habituales y más interesantes de la productora Rialto, con buen trabajo sobre el espacio y el movimiento.

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Taboo (1-8 BBC-FX), Tom y Chipps Hardy, Steve Knight/ Kristoffer Nyholm, Anders Engström, 2017, GB-EEUU

Una imagen final: en un barco hacia la ventura una bandera que se recoge y otra que se iza, un imperio que declina y otro que surge; en mitad un puñado de gentes libres. Tal vez eso quería contar Tom Hardy a través de Steve Knight. Tal vez. James Delaney es el überhombre romántico y un superhéroe decimonónico imparable. Batman, Montecristo, La sombra y todos los Heathcliff. El ahogado, el resucitado. Un serial, pues eso es, que sintetiza folletín, relectura dickensiana, penny dreadful, ocultismo, tebeo británico… Es narcisismo de un actor/personaje ofreciendo la versión paroxística de un ideal de sí mismo. Se insiste en el feísmo y lo grotesco hasta acercar Londres al spaghetti western tal y como Knight ya hizo con Birmingham en Peaky Blinders, serie pariente, pulp contra la representación histórica típicamente británica. La imagen es pictórica, saturada y barroca, más interesante en su segunda mitad con el cambio de director. Ambos son escandinavos pero la textura, el paisaje, el color, la disposición hace pensar en los paisajistas holandeses. La trama es un rocambole que solo es asumible en la dosis frenética y el vigoroso atropellamiento de secuencias de sus últimos dos capítulos, donde todo se sucede en una cascada de inverosímiles, de planes perfectos, de cierres, adioses y holas a una aventura mayor, a mar abierto, a mundo abierto. Los personajes que nunca han servido de nada y los malos actores/actrices se despachan, el humor atravesado se abre paso, la incoherencia sublima en no importar. La emoción por fin negocia la masa del gótico burocrático. Sin finura, a martillazos, a gruñidos

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