(017) Marzo / 12 + 2

 

Los implacables, patrulla especial (The Seven-Ups), Philip D’Antoni, 1973, EEUU

Secuela oficiosa de The French Connection con el productor de aquella pasando a  dirigir esta, aunque la gran secuencia (una persecución automovilística, claro) sea producto de una afinada segunda unidad. El estilo continua con el cinéma vérité de la precedente aplicado sobre las estructuras del thriller. Debido a su condición derivativa revela con claridad que tanto ella como la de Friedkin son versiones remozadas según las formas de la época del procedimental de finales de los 40 y principios de los 50, dedicado a  describir a abnegados agentes de la ley contra la corrupción subterránea del Sistema. Interesante en la minuciosidad del principio, se vuelve repetitiva y muy limitada en cuanto a recursos tanto formales como dramáticos.

Carne de perdición (Chair de poule), Julien Duvivier, 1963, Francia

Relato de fatalismo profundo sobre un ladrón incapaz, que tras fugarse y recibir el auxilio de un buen hombre que le ofrece trabajo en su apartada estación de servicio. Femme fatale de provincias mediante termina dentro de un mismo ciclo de traición, miserias y violencia recreando a mayor escala su anterior fracaso. Adapta un novela de James Handley Chase y tiene elementos comunes a El cartero siempre llama dos veces dentro de un ambiente ordinario y cutre, propio del polar rural. Duvivier iba terminando una carrera larga sin perder vigencia y la película, aunque se dilata en algunas partes tras el asesinato del marido tiene el suficiente sentido irónico. Excelente grupo de actores (y además Jean Sorel) liderado por Robert Hossein, figura a revisar del cine francés.

Como liebre acosada (La course du lièvre à travers les champs) René Clément, 1972, Francia

Justo en el momento de morir, los criminales de esta película recuerdan su infancia. Un momento preciso, con sus madres llamándoles para que vuelvan a casa y dejen de jugar. Parece rimar con aquello que decía el viejo mexicano de Grupo salvaje sobre cómo incluso los peores de nosotros soñamos con volver a ser niños, los peores sobre todo. Es también coherente con el tono del conjunto y con diverso aspectos del cine de Clément: se acabó el juego. Como liebre acosada es casi más la farsa de un polar que un polar. Pero sus cambios de tono son tanto y se superponen de tal modo que es difícil determinarlo. Filtra tres sensibilidades convergentes, el novelista David Goodis, el del guionista y también escritor Sébastien Japrisot, que había hecho para Clément otra película-juego anterior, El pasajero de la lluvia y la del propio diretor. Lúdico y melancólico, abstracto y tenebroso, fatalista y absurdo, el polar según Clément no encuentra aquí su versión más refinada, pero si una singular, por averiada, por desordenada. La excusa argumental para colocar al protagonista dentro del grupo de criminales es rocambolesca y el tercio final ininteligible, pero la atmósfera de tristeza final, el bloque central (un huis clos casi polanskiano), las soluciones visuales, la genial banda sonora de Francis Lai, la heterodoxia del reparto y el extraño simbolismo conforman una obra única.

Nowhere to Go, Seth Holt, 1958, GB

Producción Ealing de la época en la que Michael Balcon estaba asociado con la MDM, de ahí el protagonismo para un actor americano, que fue la primera película de Seth Holt como director tras forjarse como editor. Cuenta con estilo afilado y mediante saltos temporales el intento de un timador fugado por recuperar el botín de su último trabajo. Brillante en su primera parte, dominada por el corte directo y la economía expositiva, no es tan consistente (ni barroca) en lo formal como algunas de sus películas posteriores pero ya muestra algunos recursos recurrentes como las composiciones en profundidad o los contrapicados amenazadores. El protagonista es de una amoralidad llamativa, aunque tener a George Nader encarnándolo sea un problema, y la trama transita diferentes ambientes sociales avanzando hacia la abstracción fatalista en un paisaje rural extraño al género.

Suture, Scott McGehee y David Siegel, 1993, EEUU

(Neo)Noir sobre intercambio y disolución de identidades que ofrece una versión artificiosa al límite e hiperestilizada del thriller psicoanalítico de los 40 pasado por el japonés de los 60, en especial en términos de textura y tono. Hay un trabajo de cierto interés con la simetría/dualidad, así como con el espacio y elementos curiosos de fetichismo quirúrgico pero todo subrayado, dispuesto para llamar la atención sobre su forzada singularidad. Gélida, pedante y moralista, historia y recursos se agotan mucho antes de llegar al final.

Una extraña entre nosotros (A Stranger Among Us), Sidney Lumet, 1992, USA

Policial inconsistente, que al final ni es policial ni es ninguna de las otras cosas que intenta, sobre una policía investigando un crimen en la comunidad judía ortodoxa de Nueva York. Explotación tardía de Único testigo, se sostiene en la sobriedad de estilo de Lumet (si bien la fotografía con halo brillante no le favorezca precisamente) y en el rol a contrapelo de Melanie Griffith, quien al menos aporta peculiaridad al papel. Los elementos de thriller son vergonzantes (y se olvidan durante la mayor parte del metraje e incluyen una extemporánea secuencia de acción), lo antropológico termina por diluirse en la falta de crítica mientras lo sentimental, al menos, ofrece destellos de intimidad y sensualidad; aunque todos ellos desembocan en el ridículo absoluto.

Zona de guerra: el parque (The Park is Mine), Steven Hilliard Stern, 1986, Canadá-EEUU

Serie B que explota con cierta gracia el modelo Acorralado, incidiendo con ello en una de las vías predilectas del relato paranoico de los 80: el veterano del Vietnam. Aquí un antiguo soldado que hace suyo el descabellado plan de un compañero de secuestrar Central Park. Ambigua en cuanto a la ideología, realiza a su personaje (de paria a héroe popular) a través tanto de su plan como del contraste con un Sistema insensible, rebaja la violencia y lleva el modelo desde la glorificación violentista a la fábula capriana.

American Playboy (Spread), David Mackenzie, 2009, EEUU

Melodrama melancólico sobre las desventuras de un gigoló en Los Ángeles, más cerca de la revisitación de Alfie que de Schrader. Mucho mejor durante su primera mitad, centrada en la descripción cínica de los pormenores del oficio, que en la segunda, donde juguetea “sí pero no” con la parodia irónica de la comedia romántica ordinaria. Malicioso empleo de la imagen real de su actor protagonista, superficialidad crítica, amargura final y agradecida franqueza sexual, rara en el Hollywood actual.

Boca do Lixo, Flavio Frederico, 2010, Brasil

Biografía de un célebre criminal paulista en el cambio de década entre los 50 y los 60 que solo ofrece algo interesante cuando lo hace por defecto. Entonces parece una abstracción fantasmagórica de una ciudad reducida a una colección de esquinas oscuras, un teatrillo donde las limitaciones (económicas, técnicas, artísticas) se exponen como parte integral de la obra. En cambio, cuando pretende equipararse a la forma de representación contemporánea para este tipo de bionoir cae en lo ridículo debido a la cruda realidad de esas mismas limitaciones.

Star Trek: Más allá (Star Trek Beyond), Justin Lin, 2016, EEUU

Entrega profesional de la (ya) saga que recoge lo anterior y lo reordena con mayor coherencia. Recicla parte de la base argumental/discurso (ejem) político Into the Darkness, añade gustos de moda y mira al pasado de la franquicia sin ironía. Lin administra la imagen en ese mismo sentido, dando una sensación mayor de naturalidad, sin urgencia por demostrar. El resultado es acción honrada, humor agradable y reparto coral de funciones sin caer en la confusión. Sencilla y eficiente, bien dispuesto todo dentro de su estilo, confortables los actores, con un diseño de producción elegante y un acabado técnico para hacerlo todo visible y lustroso.

The Assignment, Walter Hill, 2016, EEUU-Francia

Noir sobre una serie de venganzas superpuestas que remite tanto al “Tarántula” de Thierry Jonquet como a su propia Johnny el Guapo. Reafirma la obstinación de Hill en su modo de afrontar el cine desde el bajo presupuesto, el sentido del delirio y la intersección con el cómic, aunque parezca atrapado en una estética primeros-90. La idea de usar a Michelle Rodríguez en el rol masculino hubiese necesitado una vuelta y demanda un esfuerzo difícil de asumir por parte del espectador.

Headshot, Kimo Stamboel y Timo Tjahjanto, 2016, Indonesia

Incansable en todo, la violencia, la ñoñería, la sordidez.  Sin historia, solo una fondo general que reacciona personajes y sirve de mínima articulación a la yuxtaposición de secuencias de cuerpos machacándose. Tal vez sea esto lo más interesante, porque todo se para al poco de pasar la primera hora, tras una secuencia salvaje en una comisaría, y lo que la hace representativa de la acción marcial el sudeste asiático: su atención al impacto, al cuerpo abstracto, como pulpa. Otra secuencia, una pela en el interior de un autobús lleno de cadáveres acribillados parece resumir la idea en un escenario grotesco.

 

Fargo (1-10, FX) Noah Hawley/vvaa, 2014, EEUU

Inversión moral del Fargo de los Coen que cristaliza la idea hipermoderna del fin de la ficción cerrada y su sustitución por el “Universo” con la consiguiente desaparición de los único, de la singularidad. Con aspectos de “What If…?” y de Grandes éxitos interpretados por una banda tributo que no ha terminado de entender a los originales, coloca personajes reminiscentes, pero travestidos, de la filmografía coeniana en un espacio común, a su vez reminiscente pero travestido. Sólida en cuanto a producción/interpretación, la trama está llena de atajos y alarga la anécdota argumental mediante digresiones que en lugar de enriquecer reiteran, obsesionadas por la necesidad de cubrir huecos, de no dejar vacíos a la ficción. De una misoginia feroz, celebra la crueldad y extrema todas las caracterizaciones (imbéciles absolutos, malvados absolutos, mezquinos absolutos, buenos absolutos, inteligentes absolutos) solo parece capaz de caracterizar a unos personajes a través de la degradación de sus opuestos. Los aspectos casi fantastique que rodean al personaje de asesino mefistofélico encarnado por Billy Bob Thorton (una hipérbole de Anton Chigurh por otra parte) y la ternura de la relación de la policía protagonista con su padre resultan lo más interesante.

 

 

Legion (1-8, FX), Noah Hawley et alter/vvaa, 2017, EEUU

Serie-sampler que como el parásito antagonista del héroe no vive tanto de sus referentes como en sus referentes, dentro de una realidad retórica. De diseño retro, manierista hasta lo hiperbólico, llega a un punto donde ejecuta cada capítulo (o partes de los mismos) sobre la base de estilos concretos. Estos son inagotables y heterogéneos (El prisionero, Dennis Potter, Grant Morrison, Bitelchus, Lynch, Cronenberg, Gondry, Kubrick, Peter Milligan, el Bronson de Winding-Refn, Pesadilla en Elm Street, Nolan, Brian Clemens, Alan Moore, Wes Anderson…) pero pocas veces parecen operar al unísono (aunque cuando lo hacen surgen las chispas más interesantes) sino por secciones, desligada la mezcla pese a parentescos puntuales y con el melodrama, el terror y al ciencia ficción como géneros-paraguas. Mientras se mantiene dentro del psicodrama psicodélico, la búsqueda de la identidad del protagonista y su conexión con el mundo exterior envueltos en capas yuxtapuestas de imagen y sonido, funciona  pero a la hora de la resolución la mecánica estándar del medio se impone. La serie se acobarda de su propia velocidad y abandona la confianza en su (¿anti?)narrativa ácida para entregarse a la exposición, a la literalidad. El último capítulo es una contrafigura de toda la serie anterior, una negación de los planteamientos de la misma que refugiada en lo ordinario y en el diálogo/monólogo donde los personajes se cuentan unos a otros la trama.

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