(017) Abril / 11

Seguridad no garantizada (Safety Not Guaranteed), Colin Trevorrow, 2011, EEUU

Híbrido de comedia triste y ciencia ficción (todo muy indie y  low-fi), de curiosa ambivalencia, ya que parece tanto ironizar respecto a los géneros (o al modelo Hollywood de esto) como admirarlos desde una postura melancólica. Se sirve de la personalidad propia de sus protagonistas, expresa un discurso cómodo sobre la fantasía como espacio para reelaborar la propia realidad y cuida de dar bien las notas, con pulcritud de conocedor de los materiales sobre los que elabora. Poco propio, pero buen puesto. Lo malo es que está rodada como cualquier cosa, sin coherencia interna alguna. Su carácter final de entrevista de trabajo se sustancia en la rápida absorción de guionista y director, que ya sin sombra de ironía se han puesto a trabajar en las fábricas de Parque Jurásico y Star Wars.

Eddie the Eagle, Dexter Fletcher, 2016, GB

Forrest Gump quiere ser saltador olímpico de sky y en Inglaterra siempre hace sol. Hay montajes de entrenamiento, canciones ochenteras y musiquilla ratonera de video deportivo, ochentero también. La imagen está definida a la perfección, tan sin complicaciones como el resto, y se trafica nostalgia. Los buenos son muy bueno y los malos muy malos, pero a excepción de los más mezquinos de estos todos se convierten ante los sueños de Eddie, capaces de conquistar la realidad y manipularla hasta convertirla en una fábula. Sin dignidad alguna, impúdica, cada uno de sus planos ha sido probado antes no menos de ciento cincuenta veces, cada cliché lleva un trademark de eficiencia grabado encima. Una película hecha por robots.

The Edge of Seventeen, Kelly Fremon, 2017, EEUU

Comedia melodramática (o viceversa) sobre la angustia adolescente que elabora a partir de John Hughes, pero prescindiendo de la misoginia de este, aunque no de una protagonista odiosa, egocéntrica y narcisista. Tal vez este sea su mayor valor dentro del conservadurismo final (la tranquilizadora sumisión a la normalidad), junto a cierta intención subversiva respecto a los personajes-tipo y un estilo formal austero, más cercano al tebeo costumbrista que a otras comedias-primas como Juno o la muy curiosa Rumores y mentiras. Contiene cierto talento para el diálogo excéntrico y la situación incómoda y supone una aportación digna, en cualquier caso, a un género americano a estudiar.

Beyond the Sea, Kevin Spacey, 2004, EEUU

Fantasía agridulce sobre Bobby Darin que nunca logra igualar, pese a salpicar el resto, una primera media hora que desde la convención del biopic trabaja con material prestado de Fresas Salvajes, Dennis Potter y el musical clásico reconociendo, sin tapujos, con ironía, su propio trampantojo. El intento era imposible, la película se consume a sí misma según avanza el metraje, sustituyendo la yuxtaposición de anécdotas/escenarios que constituye una singular narrativa por otra ortodoxa. Oscurecido, el principio se recupera ya sobre el cierre hasta desaparece en una elegante voluta que completa/cierra el círculo pero en otro espacio de la misma ficción, uno que adopta la fantasía como lo único veraz.

Edicto Siglo XXI: Prohibido tener hijos (Z.P.G.), Michael Campus, 1972, EEUU- Dinamarca

Distopía setentera (que pese a tal cosas termina en esperanza) que roba de todos lados y que, paradójicamente pese a su fracaso económico, puede verse como fructifica en otros tantos. Metafísica, neurosis de pareja, denuncia ecologista, concienciación social, advertencia económico-política…. Deslavazada y acumulativa, las ideas se superponen hasta anularse las unas a la otras, ofreciendo destellos siniestros (los niños-muñeco, la ciudad como un perpetuo smog, el futuro siendo una década de los 70 eterna…) dentro de su mixtura de feísmo y pretensiones. Los actores están dirigidos como si interpretasen Bergman, pero el contexto es de producción barata y la historia avanza hacia la estupidez total con la fuga de la pareja,  butrón mediante, entre restos del pasado.

 La machine à découdre, Jean-Pierre Mocky, 1986, Francia

Parodia destartalada del polar, donde un tipo sin suerte que intenta vender su pistola ve como esta termina en manos de un médico psicópata que le secuestra. Adapta, se supone, una novela y parece responder al idiosincrático sentido de lo grotesco de Mocky (actor, guionista, director), articulando una persecución continua en un mundo donde los hombres son feos y grasientos y las mujeres voluptuosas y bellas. Más cerca del cómic casi que del cine, no cuesta imaginarse a los personajes dibujados ni notar un estilo narrativo abrupto, se desarrolla en estupendas localizaciones y está dominada por una estética de la fealdad que subraya la caricatura.

Bottle Rocket, Wes Anderson, 1996, EEUU

Película en potencia, que parece producto de varios cortos pegados (siendo un corto es su origen) que solo funciona en los segmentos donde se encuentran los extremos de Anderson: la artificiosidad minimalista y la emotividad sencilla. En todo caso sirve como muestra cruda, dubitativa, donde bajo ciertos estándares de la producción indie de mediados de los 90 aparece tanto un discurso personal (familia, amistad, aventura, romance…) como una forma basada en la reducción de elementos (color, montaje, movimientos de cámara, expresión de los actores…) o un sentido de la comedia que admira la mecánica interna de la misma.

Babylon, Franco Rosso, 1980, GB

Clásico subcultural sobre la realidad de un grupo de ascendencia jamaicana en el Londres del ya mismo. Inmediata y honesta, no ofrece ni una mirada exótica al mundo rude boy y rastafari ni una ni convierte a sus personajes en ejemplares o heroicos, simplemente lo sigue y testimonia dentro de un aleve trama dramática. Esta, insertada entre los días que pasan a la espera de la final entre dos sound systems rivales, permite introducir toneladas de música, un afilado comentario social sobre el racismo y la desigualdad endémica de clases y un testimonio audiovisual de un momento, un lugar y un punto de vista sobre los mismos concretos en el tiempo: el sur de Londres en el cambio de década ente los 70 y los 80.

Savage Dog, Jesse V. Johnson, 2017, EEUU

Serie B estricta, es decir no una recreación de la misma incoherente con los medios de producción. Viene a ser un cruce entre el producto direct-to-video para Michael Dudikoff y el western de los 50, donde el protagonista debe retornar a la violencia que no consigue dejar atrás. Ni la historia de venganza está más elaborada, ni ofrece algo fuera de su limitaciones (e incluso cuanta con un largo tramo de acción espantoso) pero no carece de cualidades. Entre las inesperadas cierta oscuridad en lo referente al (anti)héroe en contraste con detalles honorables en los villanos y entre las que han ido configurando el modo de representación una admirable parquedad expresiva, que respeta el trabajo de los actores marciales mediante el uso del plano al completo y una sencillez narrativa a través de la imagen que casi parece pasada de moda.

Fear X, Nicolas Winding Refn, 2003, Dinamarca-EEUU

Thriller de venganzas minimalista-abstracto sobre un hombre obsesionado con desentrañar el asesinato de su esposa.  Este interpreta la realidad a partir de fragmentos  de información (imágenes de video cubiertas de estática, espejos de aumento que aíslan partes, lupas…) y la reconstruye luego dentro de un relato paranoico. Con la violencia en off, es la puesta en escena (deudora de Kubrick al extremo) la que inyecta una constante incomodidad que limita con el terror en base a la amplitud del espacio, la lentitud del movimiento o las interferencias oníricas que dislocan la narración. Rastros de La conversación, sonidos y espacios que recuerdan a Lynch, uso icónico de John Turturro y las memorias que incorpora e incluso un algo del extrañamiento cotidiano y elíptico de Daniel Clowes.

Cliente muerto no paga (Dead Men Don’t Wear Plaid), Carl Reiner, 1982

Parodia metalingüística, un poco al modo de El jovencito Frankenstein, sobre/en el noir de los 40/50. El humor va de lo sofisticado a lo burdo, a veces en una misma escena y la particularidad reside en la interacción entre la recreación mimética (luz, encuadres, montaje, música, modismos de los intérpretes…) y los extractos de material real que ofrecen a un Steve Martin genial contraplanos con actores/personajes/películas del género.

 

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