Gladiadores de la Guerra Fría: Robot Jox

 

La Empire se moría en el borde entre los 80 y los 90. Los caminos de distribución se reducían cada vez más al mercado doméstico y las posibilidades de rodajes internacionales, en formatos de coproducción o similares se agostaban progresivamente debido a las nuevas políticas impositivas que en países como España e Italia tendían a favorecer la inversión en productos televisivos.

Robot Jox, que tenía que haber supuesto el salto al medio presupuesto de Band y reafirmar mini-éxitos como Tracers o títulos de culto instantáneo como Re-Animator terminó por ser derivada a los canales secundarios de distribución donde Band se vería obligado a moverse en el futuro inmediato. Empire sería refundada poco después como Full Moon, en clave todavía más espartana y ya enfocada por completo al mercado del direct-to-video y la televisión por cable en un cambio de paradigma dramático: se pasaba de producir cine de serie b a producir video de serie b.

El film fue un fracaso económico, pero, mentalidad fenicia manda, no se dudó en rentabilizarlo a través de dos no-secuelas, Crash and Burn y Robot Wars dirigidas respectivamente por Charles Band y su padre, Albert Band, veterano guionista, productor y director del Hollywood independiente del presupuesto mínimo; aunque curiosamente había entrado en el cine como libretista para la excelente The Red Badge of Courage (1951), relato antibelicista de John Huston sobre una novela de Stephen Crane situada en la Guerra Civil Americana y protagonizada por Audie Murphy… el soldado norteamericano más condecorado de la 2ªGM reconvertido a estrella de la pantalla durante los 50 y primeros 60, en especial en el western de serie b.

Como si fuese para celebrar el final ya visible, Charles Band y su director estrella Stuart Gordon se embarcaron en 1987 en una producción suicida de seis millones de dólares que, circunstancias, contextos y calamidades, terminaron por ascender a unos mortales diez. Rodada y cofinanciada en Italia, se murió a mitad del trayecto. La caída en picado de la lira ejecutó el proyecto antes del estreno y el film arrastró a la misma Empire dejando paralizado no solo el rodaje y postproducción de la misma, extremadamente laboriosa debido al uso de miniaturas y animación stop motion obra del artesano David Allen, sino toda una serie de proyectos ya en marcha que fueron cortados de cuajo.

En 1990, con la Empire ya declarada en bancarrota es Epic Films, una compañía europea filial de la major Columbia-Tristar, la que compra el paquete de Empire y distribuyó el material permitiendo a Gordon completar la película, ya inerte debido no solo al lapso de tiempo sino a que su parábola pulp de la Guerra Fría había sido desactivada con la caída del muro de Berlín, efectiva el 9 de noviembre de 1989… aunque quizás la sorpresiva reconciliación final entre los dos encarnizados combatientes con la cual se cierra el film busque simbolizar este momento histórico. El cierre de Robot Jox parece al tiempo una advertencia y una esperanza (y sí, también es por completo incoherente con el carácter previamente plantado en el personaje del villano) donde la lucha  de alta tecnología termina por verse reducida al enfrentamiento de dos hombres amenazándose con piedras en un páramo de restos. Y cuando son capaces de mirarse a sí mismos y  a sus circunstancias, el combate cesa.

La película no solo tenía ciertas ambiciones industriales, también artísticas. Por mediación de Gordon se contrató como guionista al escritor de ciencia-ficción Joe Haldeman, quien en 1975 y 1979 había ganado los premios Nébula y Hugo con su novela La guerra interminable, una perífrasis de sus propias experiencias en Vietnam que era algo así como un reverso de Las brigadas del espacio de Robert A. Heinlein.

Haldeman planteaba así otra metáfora del presente, con la tierra reducida a un antagonismo irresoluble entre dos bloques, el Mercado Común y la Confederación –EEUU y la Unión Soviética respectivamente- que con el fin de no exterminarse mutuamente habían decidido resolver sus disputas en combates singulares entre gigantescas maquinarias de guerra pilotadas por lo que es una mixtura de astronautas-pilotos de pruebas-cowboys-gladiadores inspirados en el imaginario japonés de los mechas, los robots pilotados. Una orientalización que se hace extensiva a ciertos interiores y diseños de vestuario.

Mazinger Zetas de la Guerra Fría enfrascados en combates brutales de escala titánica, la idea de Haldeman y Gordon simplificaba visualmente el presente inmediato y al tiempo lo proyectaba en un excitante mundo futurista, lleno de prodigios mecánicos y estilizada filiación oriental que incorporaba elementos de manipulación genética con el fin de lograr unos jinetes perfectos para las carcasas robóticas frente a los falibles pilotos humanos de inestable carácter individualista, espionaje industrial, sociedades oprimidas entretenidas por juegos brutales o la reducción del mundo a una despiadada política empresarial. Cyberpunk por defecto, era la realidad convertida en material pulp de los escritores de novelas batas y de los directores de películas baratas, que no son otra cosa que versiones los unos de los otros.

Claro, que los medios a disposición quizás no eran los que esta escala, por simplificada que estuviese demandaba. Y mucho menos cuando Band decidió que aquello necesitaba ser aliviado de alguna manera de tanta carga política de tanto simbolismo del presente e impuso a Dennis Paoli, otro habitual colaborador de Stuart Gordon en material más enfocado hacia la parodia enloquecida como Re-Animator o su secuela, Re-Sonator. Robot Jox, al final, está marcada por la indefinición de tono y por la imposibilidad material de plasmar/traducir las ideas de Haldeman. Así, queda solo la superficie, una curioso manga en acción real, que compartía la fascinación por el universo iconográfico japonés de un James Cameron pero sin sus recursos ni talento, donde las secuencias de los robots ofrecen un entrañable espectáculo artesanal punteado por la banda sonora, lírica y épica, orquestal y clásica de Frederic Talgorn. Vista hoy, sorprende la cantidad de elementos – las instalaciones, las dinámicas entre los pilotos, el diseño de los robots y hasta detalles tan concretos como las manos de la máquina de Aquiles entrechocando para verificar el enlace- que Guillermo Del Toro usufructúa para su aparatosa Pacific Rim, a su vez relectura de fan con respecto al universo manga y anime de los 80

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    Casi como el mockbuster de Pacific Rim, pero en orden acronológico. Tan entrañable como la primera vez que se alquila en VHS. Y no sólo por estar escrita por alguien que, al contrario que RAH, SÍ había estado en el frente; lo que también explica el pacifista final.

    1. A veces pienso que Pacific es la versión Asylum de esta…

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