¡Rocky en el espacio!: Arena, el ring de las galaxias

 

Arena, el ring de las galaxias es casi el resumen de la Empire y un melancólico canto a una subindustria ya extinguida en el momento de su fabricación. Rodada en los estertores (de muerte) del primer  sello de Charles Band, nunca llegó a estrenarse en cine. Fue captura en mitad de un cambio de paradigma industrial, donde en las pantallas ya no cabía la serie B (mucho menos la C), sustituida por la aparatosa parafernalia de un Hollywood que entonces reciclaba los mismos (o similares) argumentos que podía manejar Band, pero les inyectaba cantidades obscenas de presupuesto.

La película se terminó en 1989, en mitad de la caída en picado de la empresa, arrastrada por los problemas, financieros y de rodaje, de Robot Jox (Stuart Gordon, 1989) pero no se pudo comercializar hasta 1991, y ya metida dentro de una caja decorada con uno de esos dibujos que prometían cosas que la modesta cinta que contenían no podía cumplir.

De alguna manera esa frustración por perder el paso del cine significó también el descubrimiento de la viabilidad de permanecer en el negocio, si bien bajo la nueva marca Full Moon, por otros medios. Band se recicló de inmediato agarrado a presupuestos progresivamente bajos y expectativas (digamos) artísticas a juego. El film, pese a lo duro de los tiempos, mantiene una inocencia admirable. Es como si toda la ola de cinismo y nihilismo que subsumió la cultura popular de mediados de los 80 nunca hubiese afectado a Charles Band. El productor e ideólogo continuaba siendo un hijo de la sencillez de los últimos cincuenta y primeros sesenta, de los cómics de la edad de plata. El resultado es uno de los peores producidos por la Empire, quizás también por ello uno de los más entrañables y de mayor culto hoy en día, y se podría resumir como “Rocky en los escenarios de La guerra de las galaxias”… más o menos. En realidad es como una historia deportiva genérica ambientada en los descartes de Star Crash. Hay que tener en cuenta que a la altura de 1989 una de las mayores lacras de la producción b ya no tenía marcha atrás: la mayoría de técnicos de la edad dorada de los 60 había muerto o estaban retirados. Así se descuidó la atmósfera, el ingrediente de esteticismo delirante de este tipo de producción, cada vez más ramplona, más átona.

El guión vuelve a estar acreditado a los responsables de Eliminators, fervorosos comiqueros ambos. Danny Bilson y Paul De Meo mantiene el aire de tebeo, pero rebajan la autoironía y la autoconsciencia con respecto a aquella y Peter Manoogian, de nuevo tras la cámara, dirige con nulo gusto, ni bueno ni malo, colocando como puede los planos de modo consecutivo (eso los que están bien editados). Arena, el ring de las galaxias, como la casi totalidad de la producción asimilable del periodo, no tiene textura alguna. Pero tiene cierto encanto que, de nuevo, está en relación al gusto de Band por la artesanía. Los animatronics animados fotograma a fotograma y el apreciable trabajo de maquillaje (que no solo representa multitud de especies extraterrestres, sino que se detiene en caracterizar con mimo a aquellos con protagonismo logrando una expresividad admirable) hace que estos FX artesanales convivan en el plano con los actores reales. Son táctiles, tiene presencia, respiran dentro del mismo espacio, mantienen viva, dentro de sus modestas posibilidades, una magia inefable.

En lo que el film no es inocente es en su encarnadura política. Coherente con los USA del reaganismo Arena, el ring de las galaxias, plante una tronada glorificación de la América eterna, con un héroe (triunfador contra pronóstico) que en su nombre sintetiza al Capitán América –Steve- y al primer hombre (norteamericano) que pisó la Luna –Armstrong-. Encarnado por Paul Satterfield, gemelo rubio de Christopher “Superman” Reeves, Steve Armstrong pone en su sitio a todos los no humanos-blancos-norteamericanos de la galaxia, en especial ese Horn que viene a ocupar el lugar primero de Apollo Creed o más tarde del demencial Ivan Drago.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    La verdad es que el malo mola más. El bueno parece sacado de la Republic cosa mala.

    1. Jojojo! Es un poco flasgordiano, sí.

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