(017) Agosto / 11+1

 

Ambush at Cimarron Pass, Jodie Copelan, 1958, EEUU

Western de caballería sin caballos donde una patrulla acosada por los apaches intenta devolver unos rifles robados con la ayuda de un grupo de vaqueros, excombatientes confederados. Sustanciada entre su título y sus primeros minutos, donde se articula conflicto y personajes, un western mínimo, casi televisivo, rodado entre pelados escenarios naturales y recreaciones de estudio que ofrecen un impremeditado aire de teatrillo fantasmal. Resuelta en su mayoría en planos frontales y movimientos funcionales, a excepción de un llamativo travelling de acercamiento, arrastra un lamentable personaje femenino, recuerda algunos western de Lesley Selander y hasta cierto punto sorprende por el aire poco heroico de todo, desarrollado entre refriegas y muertes miserables.

Showdown, R.G. Springsteen, 1963, EEUU

Western de bajo presupuesto, escueto y vigoroso que en su aspereza defina bien la última época de Audie Murphy, con el personaje de este como héroe apesadumbrado. En este caso un cowboy que junto a un compañero se ve envuelto en una fuga y robo. El blanco y negro amplifica la sensación opresiva del conjunto, de exteriores pelados y minerales, así como su aspecto terminal, de una forma de entender el género que se agotaba. Estupendos secundarios, personaje femenino tan malo y tan mal interpretado que los contraplanos de Murphy con cara de disgusto parecen directamente dirigidos a las prestaciones melodramáticas de su partenaire y notable violencia.

Doctor Extraño (Doctor Strange), Scott Derrickson, 2016, EEUU

Superhéroes de presupuesto medio donde el original, manteniendo algunos restos de representación superficiales, es sometido a la fórmula Marvel compartiendo aspectos con otras franquicias/personajes a quien está destinado a sustituir y/o interactuar garantizando así la suavidad en la transición. Multitud de escenas de diálogo (expositivo) a dos, como en las series televisivas, y momentos ingeniosos (el clímax de reconstrucción en lugar de destrucción), humor extemporáneo y trozos de todos lados (de Nolan a los colores ácidos a la moda pasando por el cine fantamarcial hongkonés de los 90, pero sin delirio) para crear un conjunto de limitada autonomía propia, creatividad de baja intensidad, poco tiempo para detenerse en nada y seguridad en la eficiencia básica del producto ya testado.

Signale – Ein Weltraumabenteuer, Gottfried Kolditz, 1970, RDA

Ciencia ficción especial según una novela al parecer popular en la RDA centrada en el rescate de una nave perdida cuya señal es recibida tras un año de su desaparición. No se centra en estos, si no en la estación espacial que los recoge y resulta incomprensible en su mayor parte principalmente consecuencia de un montaje (tal vez producto de cortes drástico posteriores) aberrante. Incluye prólogo y epílogo playero, un interludio de dibujos animados cómico, misterio, cotidianidad, música easy listening del otro lado del telón de acero, planos girando, interesante diseño de producción y maquetas post-2001 y otras cosas que pasan a gente sin expresión. Una pesadilla ácida comunista.

Palookaville, Alan Taylor, 1995, EEUU

Viñetas cómico-patéticas de tres amigos desempleados que no logran convertirse en criminales por mucho que lo intentan. Realizada durante la década mágica del indie americano por un director luego convertido en especialista televisivo y ahora en fabricante de piezas industriales, ofrece una mira tierna sobre sus personajes y su entorno, un suburbio de Jersey con ecos por igual del comic USA y de la comedia post-neorrealista italiana perfectamente asimilada a otra idiosincrasia. De estilo sencillo y estructura basada en la repetición y lo inacabado se sustenta en su grupo de actores, sobresaliendo un William Forsythe genial.

Polustanok (El apeadero) Boris Barnet, 1963, URSS

Comedia popular-ternurista soviética sobre un científico que pasa sus vacaciones en un pintoresco koljós y sus interacciones con los lugareños. Desborda encanto y sentido lúdico celebrando la vida rural, el esfuerzo colectivo en miniatura y la capacidad para apañárselas en un esquinita idealizada de la Unión Soviética. La afean algunas concesiones estéticas a la moda, que apartan al conjunto de la sencillez atemporal y por momentos llega a rozar lo onírico, como en la parición de las jóvenes lecheras cantando entre la bruma de la mañana.

The Exiles, Kent MacKenzie, 1961, EEUU

Documental con elementos narrativos sobre un grupo de indios a la deriva en el Los Ángeles contemporáneo. De imagen afilada y penetrante logra una permanente sensación de tristeza, de derrota en lo absoluto en su minucioso relato de un día ordinario a través de rostros, acciones y espacios. Con uso puntual de la voz over como monólogo interior su panorámica urbana es tan valiosa como la social y en sus imágenes se percibe a Cassavetes o al primer Scorsese.

50 sombras más oscuras (Fifty Shades Darker), James Foley, 2017, USA

Película-anuncio de gente despertándose y siempre vestida para la ocasión que podría resolverse en diez minutos de cuento de hadas del millonario y la pava. Material todo ello ideal para un Mystery Science Theater 3000 doméstico. Don Algodón con erotismo fino, que al contrario de la veta de los 70 no quiere escandalizar al burgués sino complacerlo. La trama de thriller/acoso es indescriptible y la interacción humana digan de un robot, por lo que el conjunto se mueve mejor en la no-narración, mientras Foley rueda cosas, gente y paisajes con la misma indiferencia y la misma fotografía cristalina, se pronuncian diálogos y parece que pasen cosas. El amor triunfa, el folleteo está bien y la heroína cambia a su millonario. Es de esperar que el psicoanálisis lo deje normalizado para la tercera.

Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (Guardians of the Galaxy Vol. 2), James Gunn, 2017, EEUU

Ampliación de todo aquello que contenía la primera entrega, extremando así tanto la autoparodia/ironía como la ñoñería/sensiblería entre colores ácidos y música pop mientras los héroes matan por cientos entre chistes y carcajadas. La decisión de dividir al grupo deja a varios personajes sin nada que hacer y detiene la historia, mientras el conflicto se reduce a una sucesión de líos narcisistas y a la narrativa del trauma paterno-filial del cine USA desde finales de los 70. Parece una película de dibujos animados con actores y los paisajes digitales carecen de cualquier consistencia y la integración con las figuras es nula. La planificación oscila entre el plano televisivo y el movimiento de cámara aleatorio (con el travelling circular como figura de estilo) con puntuales arrebatos aberrantes que recuerdan en algo a Sam Raimi.

Thai Dragon (The Protector), Prachya Pinkaew, 2005, Tailandia

Acción marcial al modo del sudeste asiático, es decir de una contundencia estremecedora. La trama sintetiza ñoñería, misticismo, nacionalismo, folklore, ecologismo y violencia variada, con Tony Ja propulsado a lo largo de diversas secuencias que funcionan como unidades con significado propio y calidad decreciente. Lo que cuenta es la expresión física del actor-marcial que en el caso de Ja ofrece la impresión de no guardarse nada y la plasmación, en continuidad, de esa misma expresión a través de un estilo visual/montaje que parece antitético respecto al resto del metraje. Representa el esplendor de un modo de interpretar el género, y sus limitaciones.

El enigma del hechicero (The Raggedy Rawney), Bob Hoskins, 1988, GB

En alguna guerra en algún país un muchacho deserta del ejército y se refugia en una caravana de gitanos disfrazado como una estrafalaria mujer y tomado por mágico. Primera película de Bob Hoskins (él  mismo de origen gitano y además comunista) como director producida por al HandMade Films de George Harrison, una de las singularidades del cine británico de los 80. Se pierde al final en su voluntad simbólica, siendo el resto una propuesta única (si bien con reminiscencias del cine fantástico checo de los 70, no por nada país donde se rodó), llena de ambigüedad y misterio que celebra el paganismo y la forma de vida libre. Pequeño papel para Ian Dury y secuencias soberbias, como la larga de la boda o la siega del trigo cantando Rolling Home.

 

Top of the Lake (1-6), Jane Campion & Garth Davis, 2013, Nueva Zelanda-Australia

Policial sórdido que en no pocos aspectos remite a la serie Red Riding sobre la desaparición de una niña embarazada y los paralelismos con la historia personal de la policía que investiga el caso. Ambiente de machismo asfixiante, tortuosidad psicológico-sexual y modo de representación/iluminación estándar para este tipo de producto industrialmente asentado. La trama parece ponerse zancadillas así misma, dosificando la información o desviándola de modo artificioso, en conjunto sufre de cierta reiteración, maniqueísmo y de centrarse en los personajes menos interesantes, dejando otras figuras (caso del grupo adolescente) como recurso narrativo para el giro final. Los intérpretes la sostienen, así como las misteriosas localizaciones y la excentricidad de Campion (así como su humor esquinado) emergen en esa comuna de mujeres liderada por la fantasmagórica GJ.

 

 

Anuncios

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    Le habrán pagado bien por ver el Sombras ése, ¿no? ¿O ha sido cosa de su señora (Diso las bendiga)?
    Mmmm… ¿occidental adinerado que, tras una desgracia, se va al misterioso Oriente a aprender a luchar contra el mal en compañía de un criado? Na, eso no lo va a comprar nadie.

    1. Y además, nunca se ha hecho.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s