El Club de Mickey Mouse: La chaqueta metálica

 

 La chaqueta metálica se rodó en orden inverso. Como cerrándose sobre sí misma. Como absorbida por un agujero negro. El agujero negro de la demolición del individuo. Se comenzó a rodar por la toma de la ciudad de Hué, después de que los solados-actores fueran entrenados en la realidad fuera de la pantalla por el actor-soldado R. Lee Ermey, el Sargento instructor Hartman. Luego recorrieron el camino inverso, recordaron el punto inicial donde todavía tenían nombre y eran una persona y no un arquetipo dentro de un pelotón disuelto en una guerra sin frentes. Los que llegaron los primeros y se fueron los últimos pasaron casi dos años en total encapsulados en la abstracción de la guerra del Vietnam que es La chaqueta metálica.

Stanley Kubrick había conocido la novela “The Short-Timers” (algo así como ”Los reemplazos”) al poco de publicarse en 1979. Fue la época de la primera revisión del Vietnam. La de los hombres averiados de El regreso o la fordiana El cazador, la del  soldado psicodélico de Apocalipse Now. La novela de Hasford era descarnada, de una austeridad aterradora y gráfica al extremo. Su brutalidad era de primera mano, sin procesar. Había estado allí y él mismo tenía esa “mirada de las cien yardas” que comentan los soldados de la novela y de la películas. Kubrick tenía la intención de colaborar con él en el guión, pero Michael Herr, periodista autor del fundamental libro “Despachos de guerra” y autor de la voz over en la película de Coppola, le recomendó lo contrario. Hasford estaba exactamente tan loco como parecía, era un producto genuino del adiestramiento militar y la guerra del Vietnam. Era uno de lo miembros del club de Mickey Mouse.

 La chaqueta metálica no perdió nada del oscuro humor y de la brutalidad en su traducción a imágenes. La honestidad de Herr y el rigor de Kubrick se encargaron de ello. Lo que sí hicieron fue ampliar toda la primera parte, el adiestramiento en la isla de Parris, y condensar las dos siguientes hasta el punto de hacerlas parecer una sola. La película condensa en uno solo los dos pasajes de combate de la novela, la escaramuza con el francotirador en la selva y la toma de la semiderruida ciudad de Hué. Para mayor concentración y evitar el rodaje en la jungla (o su recreación en estudio), se trasladaron sucesos del primero al escenario del segundo, logrando con ello una mayor intensidad dramática y distrayendo del hecho de contar con medios limitados para recrear un asalto a gran escala. Con ello, La chaqueta metálica aparece como una película singular sobre un Vietnam, sustituyendo los escenarios familiares por el combate urbano. En cierto modo esto estiliza el contexto. No es ya tanto Vietnam como “La Guerra”, recordando en algunos aspectos la abstracción y fisicidad del cine bélico de Sam Fuller.

Es la  disposición dual clásica de Kubrick, pero particularizada por la misma estructura de esa segunda mitad. La disposición de los elementos, la extensión y lo implacable de toda esa primera parte, su sistematización del proceso de aniquilación (individual, moral, psicológica) y de deshumanización (propia y ajena), redunda en los efectos de la segunda parte. La continuidad y concisión contrasta con  lo episódico, como viñetas de un dominical salvaje, que ilustran, encapsulada, la eficiencia de la metodología previamente mostrada: no sirve para salvarte, sirve para que todo te dé igual.

La chaqueta metálica es una comedia de horror, una sátira grotesca en la vena de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y La naranja mecánica. Una farsa de la realidad, a la que contempla distante mientras parodia ferozmente su retórica. El humor es inesperado en el contexto del cine de Vietnam (incluso del bélico de combate) pero no en el de la filmografía de Kubrick. La lentitud de los movimientos de cámara y los zooms, la amplitud de la imagen, exacerba la incomodidad de esa colisión entre lo expositivo, lo cómico y lo terrorífico.

La sensación de que nada significa nada es cada vez más penetrante. Todo se diluye. La violencia es aleatoria y por tanto más y más aterradora. Los personajes no existen antes de la isla de Parris y no existen después de Huế. Solo lo hacen durante. Son sus acciones. Todo cuanto conocemos y sabemos de ellos lo sabemos y conocemos aquí y ahora. Pierden hasta el nombre. Todo en ella tiene algo de maligno, de teatro de títeres rodado como una película de terror. La ordalía del recluta Patoso es una directa continuación de la de Jack Torrance en El Resplandor y los elementos de planificación e iluminación (el verde que iguala a todos, el azul metálico del pabellón, el gris del cemento…), el espectral uso del sintetizador o la aparición final del fuego infernal en las ruinas de Huế, dejando atrás el cuerpo tiroteado de la única combatiente vietnamita que vemos, crean una atmósfera amenazadora que tendrá continuidad en Eyes Wide Shut.

Publicado originalmente en la colección Grandes directores de cine del diario ABC

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. John Space dice:

    No ha envejecido bien, pese a todo. Esa estructura episódica le deja a uno con la sensación de estar viendo capítulos sueltos de una serie, no un largometraje (como le pasó a voacé con BvS, si mal no recuerdo). Tampoco se ve profundidad o sustancia en el personaje central; Modine no llega a tanto. Uno se queda pensando “vale, ¿y?”; como los soldados de esta guerra, supongo (mmm…).

    1. Incomparable con esa cosa que me menciona donde una escena no tiene continuidad con la siguiente. Estas son viñetas de la vida militar, perfectamente cohesionadas por el ambiente da cada una de sus mitades complementarias. Es la típica estructura/discurso de Kubrick de acción/reacción causa/consecuencia. Te enseña un proceso y los resultados del mismo. No hay psicología en los personajes, son lo que hacen, la peli es, de nuevo típico en su director, desapasionada y distante, en eso se diferencia de la visceralidad de la novela.

      1. John Space dice:

        Tal vez sea eso, que la frialdad de Kubrick aquí no llega a funcionar como funcionara en _Senderos de gloria_.

  2. Más bien que esta es mucho más despiadada.

    1. John Space dice:

      Claro, al no haber aquí un Kirk Douglas que intenta salvar a todos.

  3. Efectivamente. Aquí no hay chavalín de la película ni componente sentimental alguno. Es de un nihilismo total.

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