(018) Enero / 13+1

Tampopo, Juzo Itami, 1985, Japón

Gastrowestern sobre un camionero errante que ayuda a una viuda y a su pequeño hijo a establecerse como restaurante de ramen.  Eso en esqueleto, porque partiendo de una temática, el ritual de la cocina y el comer, arraigada en la cultura (popular y la otra) japonesa lo que se propone es una celebración vitalista de todo aquello que hace feliz. Inagotable en discurso (la aculturación, el tradicionalismo…), texturas (humores de todo tipo, erotismo, metatextualidad, pintura, filosofía…) y dirigida como si de un manga o un anime se tratara, con un acentuado tono caricaturesco y una singular ternura, así como sentido de la observación que se extiende desde los lugares y gestos a los excéntricos personajes que se van sumando a  la empresa. La línea argumental principal se ve continuamente interrumpida por diferentes viñetas autónomas y aunque la ambientación se en el presente de 1985 la atmósfera es estilizada y atemporal.

La última frontera (The Last Frontier), Antony Mann, 1955, EEUU

Western de frontera que propone una variación sobre Fort Apache, un megalómano oficial desencadenando una masacre por vanidad dentro de un discurso general  típico de civilización-salvajismo.  Un tanto extraño dentro del ciclo que Mann dedicó al género pero dominado igualmente por su violenta crispación (en especial sexual) , aquí en tensión con la placidez del paisaje y la propia personalidad de su protagonista: un sencillo trampero involucrado en los avatares de un puesto avanzado del ejército.  Impresionante trabajo con el scope,  las sombras en interiores tenebristas y  elaborados movimientos de grúa.

Mapa del sentimiento humano (Map of the Human Heart), Vincent Ward, 1992, Nueva Zelanda-Australia

Estoy leyendo La enciclopedia de la tierra temprana de Isabel Greenberg  y he pensado en esta película.  Tal vez por el paisaje helado de fin del mundo, tal vez por el encadenado de historias o tal vez por una sensibilidad poética compartido. Tal vez, simplemente, porque Vincent Ward podría hacer una gran película de ella si alguien le diese el dinero. Pero hace mucho que nadie le da dinero a Vincent Ward.  Mapa del sentimiento humano tiene mucho de sublimación de su obra, a  la vez de fracaso y triunfo totales. Fantasmagórica y sensual, fragmentaria y elíptica me recuerda también a la obra de Powell y Pressburger,  en ella relato, recuerdo y sueño son todos partes de lo mismo, indisociables. Las imágenes son al tiempo modernas y primitivas, el todo se sacrifica por el momento y la historia vuelve sobre sus personajes y espacios  limítrofes, fuera incluso de los mapas, a partir de ciertas convenciones del melodrama o las aventuras.

La nuit du carrefour, Jean Renoir, 1932, Francia

Renoir adaptando a Simenon, a quien admiraba, con total falta de pretensiones o afán de superioridad así como con notable sentido del humor. Su propio hermano Pierre Renoir se encarga de interpretar al Comisario Maigret, el policía rumiante por definición. En esta ocasión busca más allá de la acusación de asesinato que pesa sobre dos expatriados daneses y descubre una compleja operación en un pequeño cruce de  caminos a las afueras de París. Concisa y atmosférica, dominada por la neblina, la lluvia, la luz difuminada y el humo, oscila entre el naturalismo y la estilización resultando por igual táctil y ensoñada. Contiene un vertiginosa persecución automovilística nocturna en plano subjetivo y puntuada por los fogonazos de los disparos.

Quantez, Harry Keller, 1957, EEUU

Western B de la Universal, estudio que cultivo el género con insistencia en los 50, de carácter casi abstracto. Un grupo de forajidos se esconde tras un golpe en un pueblo fantasma en la frontera, una sola noche y un escenario central casi único, delimitado por unas fantasmales luces rojizas y azuladas. La presencia de los indios y la trama que los acompaña resulta al completo superflua, porque las dinámicas/tensiones internas del pequeño grupo (violencia, sexualidad, racismo, redención…) son elementos suficientes para sostener un relato esquelético. Interesante por su tono lánguido y sus elementos latentes, Keller tiene trabajos mejores, caso del similar y excelente Six Black Horses.

Shock Wave, Herman Yau, Hong Kong, 2017

Un artificiero y un terrorista con deudas del pasado vuelven a enfrentarse. Tras un vertiginoso prólogo, que resume el antagonismo entre ambos, la película se para y no plantea el conflicto hasta casi la hora: el terrorista toma decenas de rehenes y amenaza con volar un túnel si su hermano no es liberado…pero este no quiere, ya que se ha reformado. Hay más cosas, desde novias secuestradas hasta intereses capitalistas, pero todo desperdigado, como en capítulos. Andy Lau pone cara de indiferencia y a la película le pasa un poco igual, que todo son imágenes planas, anodinas, y solo durante el tiroteo climático recuerda los viejos tiempos del heroic bloodshed paroxístico. Pese a cierto derrotismo final, inesperado, la película se corresponde con la corriente de alabanza de los abnegados cuerpos policiales presente en la acción hongkonesa post-unificación.

Songcatcher, Maggie Greenwald, 2000, EEUU

Una folklorista, desengañada de la vida académica, visita a su hermana en una pequeña escuela en los Apalaches, donde descubre como en el entorno aislado se ha conservado toda una tradición musical, eso que se dio en llamar el “high lonesome sound”. Elogio de la música folk, como instrumento de articulación de la comunidad, de afirmación individual de una mujeres que son las que viven en y esas canciones y de conexión emotiva, tanto con el presente como con el pasado, a través de unas formas, sencillas, desnudas y carentes de pretensiones. La película traduce ese sentimiento en imágenes igual de austeras, con un algo fordiano en ellas (y en su tono general), sin caer en la idealización de esa misma comunidad o de la vida rural; bien al contrario, buscando los límites de la misma. Optimista y melancólica por igual, desprende autenticidad y una mirada compasiva y honesta recogida sin urgencias. Excelentes interpretaciones, en especial de una Pat Carroll genial, e intervenciones de personalidades del folklor americano como Hazel Dickens o Iris DeMent,  estremecedora cantando “Pretty Saro”. Emmylou Harris cierra los créditos con la misma canción que abre la película, “Barbara Allen”, pero transformada por el proceso de rescatar lo popular del nicho académico.

Capitán América: Civil War (Captain America: Civil War), Anthony y Joe Russo, 2016,EEUU

Continuación de la macrosaga Marvel, entre el serial monumental y la teleserie para pantalla grande, que sacrifica la homogeneidad –de estilo/estética/tono- de la anterior entrega del Capitán América en beneficio del “gran esquema”. Confusa en todos los aspectos, con un planteamiento argumental incoherente y contradictorio (más aún por el empeño en insertar desde el tebeo una historia cuya base, la mítica del identidad secreta, ha sido abolida en el cine) lleno de atajos, conveniencias y ocurrencias. La reproducción de elementos e imágenes icónicas solapa las pésimas planificaciones espaciales y el metraje se alarga en un bloque central de comedia sobrevenida, peaje de la introducción de Spiderman en una escena de sit-com incluida. Parece dirigida (y probablemente lo fue) por diversos equipos y ensamblada después bajo la directriz de un rimo frenético, sin transiciones…todo lo cual solo aumenta esa confusión.

Jasper Jones, Rachel Perkins, Australia, 2017

Gótico australiano, mezcla de melodrama y relato de misterio, tal vez mejor acabado que los anteriores trabajos de Perkins pero sin la personalidad de estos. Profesional y sólido en todos sus apartados, también anónimo, contrasta la luminosidad de su imagen con la sordidez de su historia. Esta, parte del hallazgo de una muchacha ahorcada y el impacto tanto sobre el micromundo del protagonista como de la comunidad a la cual pertenece. Toca demasiados temas, todos típicos del cine australiano (el aislamiento, la presión social, la cultura masculina, el racismo latente, el paso a la madurez…), si desarrollar ninguno.

El amor es extraño (Love is Strange), Ira Sachs, 2014, EEUU

Relato agridulce de una pareja homosexual, que encarando la vejez se quedan momentáneamente sin casa. Separados y ocupando un lugar en hogares ajenos se reflexiona sobre diversos procesos de soledad (la hipocresía social, la indiferencia del Sistema, la gentrificación, la independencia económica, la precariedad como estado de las cosas, la individualidad…) con un tono costumbrista e impresionista. La luz remite a la patentada por Woody Allen para Nueva York, pero también se emparente con trabajos de Noah Baumbach Sachs trata sus personajes con dignidad y ternura y cuando conduce el relato hacia la tragedia o el patetismo lo hace con formas pudorosas. Al dividir la historia de los dos protagonistas una de ellas queda descompensada, si bien redimida esa desatención en el hermoso epílogo. Soberbias interpretaciones de Molina y Lithgow. Mal título, tal vez irónico, porque tanto el amor como el resto de esta película resultan agradablemente mundanos.

Más muerto que vivo (More Dead than Alive), Robert Sparr, 1969, EEUU

Western televisivo, con esa fotografía sobreiluminada, plena y fea tan distintiva, que solo adquiere textura durante el duro claroscuro del clímax. Intenta hacer converger el tono revisionista, en el contras te entre la mítica del pistolero y su realidad pedestre, incluso miserable, con el clasicismo b. El argumento, un legendario asesino a sueldo regenerado tras un largo periodo de cárcel intenta integrarse en una sociedad que lo rechaza sistemáticamente,  podría haber servido para Audie Murphy, Jock Mahoney o el mismo Clint Walker quince años antes. El prólogo es horrible y desconectado del resto, que posee cierto patetismo,  Vincent Price ameniza el metraje con su papel  de empresario de circo oportunista y al conjunto no le faltan ambiciones discursivas  pese a lo ínfimo de toda ella.

Buraikan, Masahiro Shinoda, 1970, Japón

Una película extrañísima, a medio camino entre la parodia de las producciones de época, la farsa grotesca y el manifiesto lúcido. Cuenta tres historias entrecruzadas en el distrito rojo de Edo, donde los desclasados preparan una revuelta contra el nuevo y puritano gobernador. Artificiosa en escenografía, actuaciones y movimientos, homologa lo teatral y lo cinematográfico en un espacio espectral y usa el color como manchas pictóricas, expresivas, que dan a la imagen una cualidad de abigarrada ilustración viviente.

Una bala en el camino (A Bullet is Waiting), John Farrow, 1954, EEUU

Thriller moral, con aspectos de western y simbolismos bíblicos, donde un fugitivo y su obsesivo perseguidor terminan por refugiarse en la casa de una joven, única habitante de un valle.  Risible cuando eleva su premisa hacia lo filosófico (la intervención final del padre de la joven, un desencantado profesor de filosofía convertido en anacoreta con pipa es bochornosa) pero absorbente cuando se centra en la simplicidad de la localización y en la monotonía del tiempo. Farrow usa primeros planos de objetos, secos cortes de montaje, detalles… para cristalizar una narrativa primitiva, esencial. Jean Simmons está muy por encima de sus acompañantes, aunque Rory Calhoun entrega una interpretación sólida, y de la propia película.

 

 

Damnation (1-10 USA Network), Tony Tost/varios, 2017-18, EEUU

Un misterioso predicador ejerce de agitador de una comunidad de granjeros, mientras su propio hermano ejerce como rompehuelgas para una gran compañía que pretende hacerse con la tierra. Western marxista de la Gran Depresión, cuyo frontal planteamiento político (de resonancias inmediatas) intenta acoplarse a un relato de modos pulp y resonancias casi bíblicas. No puede ser, claro. Superficial en lo ideológico, pese a que esa voluntad siga siendo lo más interesante, carece del sentido del delirio necesario (o de la cara dura), plana en lo formal, redundante y tramposa en lo argumental, burda en los perfiles. Confunde la ambigüedad con los bandazos, resultando trama y personajes desvaídos y en cierto modo adulterados por como la serie va perdiendo cualquier rigor y aspereza. Buena interpretación de Logan Marshall-Green, de nuevo con un personaje con una conflictiva relación con el ejercicio de la violencia, al igual que en Quarry.

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