La balada de las tierras baldías: dos películas de Chloé Zhao

 

Songs My Brothers Taught Me es la historia de dos hermanos cuyo padre, un antiguo jinete de rodeo alcohólico, acaba de morir en el incendio de su casa. Ellos viven con su madre, alcohólica también. Hay otros hermanos, hijos de otras madres. Uno  tiene el refugio seguro de padre adoptivo, dueño de una gasolinera y un taller y a su vez ofrece ese refugio a su hermano. Otro lleva la herencia del padre natural y vive de montar toros, en el circuito de los rodeos, una parte central de la cultura Lakota, como si cabalgar potros o toros salvajes estuviese lo bastante en el límite de la civilización, como si fuese un reducto final de libertad visceral. Es otra comunidad dentro de la comunidad, y a través de la relación con este hermano, la niña protagonista se conecta con un linaje del pasado, con el significado del territorio a cual su hermano es ajeno, extraño. Si él se siente atrapado allí, por el paisaje, por la cultura…, ella se encuentra en su lugar en el mundo. Frente a esta familia en trozos desperdigados, la de la novia del muchacho ejerce de contrario, en un núcleo de generaciones y tradiciones. La chica va a irse a estudiar leyes a la Universidad, y el protagonista, su novio, quiere ir con ella. Por eso se dedica a vender alcohol de contrabando. También quiere ser boxeador; mas visceralidad, más afirmación de la masculinidad.

Todo es representativo de algo. Todos los personajes son partes más allá de ellos mismo, ejemplos. Esto lo limita un poco la naturalidad de los actores, en su mayoría no profesionales que encarnaban versiones de ellos mismo.  Pero no por ello deja de ser todo un poco demasiado demostrativo. Es algo que está también en The Rider, pero en esta hay la búsqueda de una dimensión mítica y entonces la contraposición entre realidad y ejemplo funciona mejor. The Rider tiene su origen en Songs…, en la investigación y la integración en la comunidad por parte de la cineasta china Chloé Zhao. Allí conoció a Brady Jandreau, el jinete herido. Lo había tirado un caballo, que le había pisado el cráneo y se lo había partido. Ya no podía volver a montar. De esa experiencia nace The Rider: no poder hacer lo único que sabes y quieres hacer.

Si Songs… mantenía aspectos de melodrama y elementos de relato de maduración (la decepción de los adultos, la lucha entre la pérdida y la conservación de la inocencia… dentro, además, de una comunidad, que habla de una pasado arcádico, The Rider es ya una meditación. Toma aspectos del género americano por definición, el western, para desde la observación minimalista de la cotidianidad, de los quehaceres materiales, hablar de una construcción mítica y simbólica, del Americana, de la masculinidad… Tal vez, de nuevo, sin mayor sutileza, pero en una iconografía de gran fuerza. No solo esa dimensión mítica dicha ya desde el propio título, El Jinete, sino en los aspectos narrativos y dramáticos. Los dos caballos de Brady son como fases de su historia, de su búsqueda y frustraciones. Gus el de su pasado, el caballo que ya no volverá a montar y que debe vender para sobrevivir; y Apolo de su presente, el caballo salvaje herido.

“Si un caballo se hiriese como yo, lo sacrificaríamos. No podría jugar y correr como se merece, no sería justo para él. Pero yo soy un hombre, así que supongo que debo de seguir viviendo”, dice Brady en un momento a su hermana. Esta vez no es una niña, sino una adolescente discapacitada con la cual tiene una relación llena de ternura y sinceridad. Brady en cierto modo si se sacrifica, como al final de al final de Songs… el hermano también se sacrifica por la familia, simplemente no puede abandonarlos, ni tampoco al territorio. Lo hace de modo opuesto, pero con idéntico objetivo al de Robert Mitchum en The Lusty Men. Si en la de Ray el jinete debía morir para salvar una familia, aquí el jinete debe matar el deseo para seguir viviendo y salvar su propia familia. . Modos del sacrificio masculino.

Viendo ambas pensé inmediatamente en las películas aborígenes de Warwick Thornton y Ivan Sen, en Samson and Delilah y en Toomelah. Hay en ellas todo tipo de similitudes argumentales, históricas y formales. Una voluntad de testimonio pero también un lirismo, una dignidad. Pero en Chloé Zhao hay un peso mayor del paisaje, de la naturaleza. Quizás por la mirada de la extranjera, pero también por una influencia del cine de Terrence Malick y también, pienso, de Kelly Reichardt y Nicholas Ray. En un pequeño video para el canal de Criterion, Chloé Zhao explica su fascinación por El Nuevo Mundo, la oda a la América primordial de Terrence Malick, y el peso formal de esta sobre sus películas. En ese pequeño clip aparecen los distintivos cielos de tormenta, el horizonte casi plano… también los rostros mirados como si se viese todo por primera vez. Cuando uno ve Songs…, es fácil advertir que todo está allí. Pero en The Rider los cielos de tormenta de Dakota del Sur ya no parecen un préstamo de otro lado,  sino algo propio. La influencia trascendida en naturalidad. Como la niña de Song… la directora ha encontrado bajo esos cielos su lugar en el mundo. Pine Ridge.

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