Muerte en el olvido: las películas perdidas de Fritz Lang

Lang perdido. Cortado en el tiempo, flotando en un paréntesis. Dos películas, Halbblut y Der Herr der Liebe, ambas rodadas muy rápidamente en la primera mitad de 1919. Mientras las hacía escribía guiones para Otto Rippert –Der Totentanz (1919), Die Pest in Florenz (1919) o Die Frau mit den Orchideen (1919)- alimentaba la producción de la Decla, trabajaba en la primera versión de El gabinete del Dr. Caligari y preparaba su salto al serial. En Octubre se estrenaba la primera entrega de Las Arañas (Die Spinnen, 1. Teil – Der Goldene See), prevista en cuatro pero finalmente reducida a dos. Entre los dos capítulos lo hacía Harakiri, una versión de Madama Butterfly que respondía al interés de la Decla por los melodramas exótico-históricos. Son las más antiguas de las películas conservadas de Lang. Las otras dos son retazos de textos, imágenes congeladas, compuestos y especulaciones.

Ambas, Halbblut y Der Herr der Liebe, parecen ser melodramas escabrosos de temática sexual-criminal donde las relaciones románticas conducen a la muerte. Un tema, ya, profundamente languiano. Un tema, también, que prorroga el trabajo que como argumentista y guionista Lang había realizado al servicio del productor y director Joe May (pseudónimo del también vienés Fred Majo) en los años inmediatos al final de la 1ª GM. May era uno de los cineastas más populares del periodo en el cine germánico y Lang colaboró con él antes y después de este 1919. El ascendente popular era tal que como indica Paul M. Jensen dio forma al cine alemán, estructurando tres géneros principales: «las películas policiales, (…) los melodramas sobre personajes históricos, legendarios y románticos (…) y las historias de aventuras situadas en parajes exóticos». Con aportaciones y singularizaciones propias, con variaciones debido al gusto de uno u otro momento, la mayoría de las películas de Lang de esta primera mitad de los 20, hasta la irrupción de la ciencia ficción, se adscriben a alguno (o a varios) de estos géneros y «además, cualquiera de estos tres tipos puede contener también un femme fatale, que se une al entorno físico, a los deseos del subconsciente y la muerte predestinada como una fuerza más a la que generalmente el héroe se resiste a duras penas».

En la Decla, protegido por el productor (y dueño) Erich Pommer y peleado por lo común con otros directores como los mismos May y Rippert, Lang se escora hacia lo macabro, a la exploración de las líneas de sombra morales, físicas, eróticas… Halbblut y Der Herr der Liebe parecen ser prórrogas coherentes de guiones previos y, a su vez, borradores para lo más tortuoso de su ciclo noir en América, en especial el díptico con/para Joan Bennett: La mujer del cuadro y Perversidad.

Halbblut (Mediasangre, Mestizo)plantea el minucioso procesos de destrucción a través de la venganza que una mujer mestiza emprende contra su marido y el mejor amigo de este; un proceso fatalista que culmina en el asesinato. La película comenzaba en México, donde Edward (Carl Gerhard Schröder) conoce a una prostituta en un fumadero de opio y se casa con ella. La premisa ya establece dos escenario del gusto del cine alemán popular de la época: el pintoresquismo y los bajos fondos.

La joven mestiza (la estelar Ressel Orla, antagonista en el díptico Las Arañas y que en la publicidad e Halbblut aparece en igual tipografía que el título) escucha los comentarios racistas del mejor amigo de su marido, Axel (-“Una mestiza sirve como amante, pero no como esposa”) y decide destruir a ambos conduciendo su marido a la locura a través de los celos y convirtiendo a Axel (el luego habitual protagonista languiano Carl de Vogt) en su amante para luego arruinarlo con la ayuda de otro amante, dueño de un casino y mestizo como ella. Axel, al descubrirlo, los asesina.

Venganza, ambientes sórdidos, determinismo, conspiraciones, autodestrucción, manipulación sexual, tortuosidad en el método, antiheroína gélida… Lang aparece extrañamente formado. La crítica saludó al película como un logro de la Decla, una de sus mejores producciones, si bien alguna reseña como la de Lichtbild-Bühne (vol. 12, no. 14, 05 Apr 1919) lamenta que la versión que se proyecta en los cines esté cortada respecto a la que la prensa pudo ver en los estudios. Por las notas de censura sabemos que la película fue calificada como “Prohibida para el público joven” y estrenada en Berlín en Abril del 19. El rodaje, en solo cinco días a decir del propio Lang, se desarrolló entre Enero y Febrero de ese mismo año.

Der Herr der Liebe (El amo del amor) si sufrió problemas más severos con la censura. En Julio del 1919 fue cortada unos metros para conseguir el “Prohibida a público joven), pero en 1921, tal vez con motivo de un reestreno, pasó dos veces por censura (7 y 25 de Julio) siendo marcada como “Prohibida”. Al contrario que Halbblut esta no era una producción Decla, sino de la Helios-Film de Erwin Rosner y la Decla se limitaba a la distribución en los cines de su propiedad. Pese a ello el equipo técnico fue muy similar, con Emil Schünemann ocupándose de la fotografía y Carl Hoffman operando la cámara. Hoffman sería de inmediato un colaborador fundamental para Lang (Mabuse y Los Nibelungos) y una de las personalidades capitales en la evolución del poderosos cine alemán de los 20 en virtud de sus constantes innovaciones técnicas, su creatividad como operador y director de fotografía y su audacia de espectaculares resultados.

El argumento es aún más truculento que el de Halbblut y abiertamente sexual. Ambientada en los Cárpatos, cuenta el triángulo entre el Conde Disescu (de nuevo De Vogt), su esposa (en algunas fuentes su amante, tal vez para suavizar el argumento libidinoso) Yvette y una joven sirvienta, Stefana. Yvette es encarnada por otra estrella del periodo, trágicamente muerta a causa de la gripe en 1920: Gilda Lagner. Esta, que ya aparecía en Halbblut e iba a tener un papel protagonista en al inminente Las Arañas, rea la protagonista prevista para El gabinete del Dr. Caligari mientras Lang estuvo desarrollando el proyecto, antes de que este pasase a manos de Robert Wiene y el papel fuese a parar a Lil Dagover.

Stefana (interpretada por Erika Unzuh) cree que el secreto de Yvette descansa en un perfume, con el cual somete la voluntad de Disescu. Así que decide rociarse con él y sustituirla en la cama del Conde. Este, llega al castillo excitado tras haber espiado el turbador baile de la hija de una vecino (la bailarina Sadjah Gezza) y tras rechazar a Yvette sucumbe al acoso de Stefana…pero no por los efectos de la poción de amor, sino por los de su propia depravación y el recuerdo de la muchacha. En venganza, otra vez la venganza, Yvette despide a Stefana y se arroja en brazos de Lazar, un comerciante judío a quien la mujer obliga a contarle a Disescu sus devaneos. Disescu encierra a Lazar en un sótano para matarlo de hambre. Yvette le ayuda a fugarse, realmente enamorada de él. Cuando Disescu lo descubre, incapaz de recobrarla, la estrangula y luego se suicida solo para comparecer ante Dios y arrepentirse de su vida en lo que podemos suponer una demencial coda moralista para tranquilizar a los espectadores tras un espectáculo de las bajas pasiones.

La historia parece, de nuevo, una mezcla de motivos languianos, pese a que el guión no sea propio sino de Leo Koffler, acreditado según algunas fuentes como co-guionista de Halbblut, y ojo/oído atento a las modas del periodo. La morbidez, el erotismo, el fatalismo, la muerte, el suicidio y la religión, la culpa, el fingimiento y una idea oscura del romanticismo se diluyen con una explotación de las vidas licenciosas, el despotismo y el arrogante egoísmo de la nobleza. Lo que amamos odiar. La crítica del periodo alabó la interpretación, despiadada y brutal de Carl de Vogt y el encanto y picardía de Gilda Lagner, ambos expresivos y sensuales, señaló como la película bordeaba la línea del mal gusto en la temática sexual tratada y, a su vez, remarcó que los cortes censores la habían dejado sin la deseable profundidad, haciendo el relato demasiado apretado y limitando la indagación y desarrollo de personajes y mundo.

Un epílogo terrible

La temática de estas dos películas, así como la de algunos guiones previos y contemporáneos, tiene un eco en la realidad. Un eco siniestro que reverbera a lo largo de toda la filmografía de Lang. Un embrujo esotérico, de pesadilla y culpa. Languiano, pues. Patrick McGilligan desenterraba la historia en su biografía sobre Lang, subtitulada “La naturaleza de la bestia”. En ella buscaba y encontraba motivos tenebrosos en la biografía de Lang, siempre fragmentaria, siempre constituida a partir del olvido, de la memoria caprichosa y la (auto)fabulación. Encontraba a la primera esposa de Lang, Elisabeth (Lisa) Rosenthal en una bañera en el piso de la pareja en Berlín. Muerta de un disparo en el pecho en el pecho el 25 de Septiembre de 1920. Un disparo producido por la pistola que Lang guardaba de sus tiempos de soldado en la 1ª GM.

La pareja estaba en crisis profunda. Lang ya no ocultaba su romance con la guionista Thea von Harbou, a su vez esposa del actor Rudolf Klein-Rogge (es decir: Mabuse) y esta se había trasladado a vivir a su mismo edificio de apartamentos. Lisa los sorprendió manteniendo relaciones sexuales en el sofá de su casa y se desencadenó una pelea. Poco después, Lisa estaba muerta. Se dictaminó suicidio, se especuló con un forcejeo mortal…incluso con el asesinato. Lisa cayó en el olvido, pero su sombra permanece.

Escribe McGilligan que «tras la muerte de Lisa la filmografía de Lang aparece obsesionada por la culpa, la complicidad, las falsas acusaciones, los crímenes irredimibles, los asesinatos inadvertidos, el suicidio». Es cierto…pero todo eso ya estaba antes. Es parte, terrible, de la forja del carácter de Fritz Lang, quien es en cierto modo sus personajes: parte Mabuse, parte hombre acosado, gran complotador y permanente fugado hasta de sí mismo al punto de inventarse parte de su biografía. Lang es un misterio, cuya vida y obra están regias por fuerzas tenebrosas que escapan a su control, superiores a su propia voluntad…o tal vez sometidas a la forma tortuosa de esta y ocultas tras un velo paranoico. El crimen y los amantes, un acto fortuito o calculado; una marca eterna como la de sus antihéroes acusados, acosados, culpables incluso sin serlo en universo de conspiraciones

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Texto publicado originalmente dentro del libro Fritz Lang Universum (Editorial Notorious, 2016)

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