Pobre Carol: Poor Cow (Ken Loach 67)

 

Poor Cow fue una película de primeras veces para Ken Loach, pero también de últimas. Fue su primer largometraje para el cine, aunque ya tenía experiencia en cuanto a duración y proporciones gracias a su consistente estancia en el programa televisivo The Wednesday Play y fue su primer trabajo a color; o con el color, que recibe un tratamiento todavía más áspero y granuloso que su blanco y negro de TV. Pero lo cierto es aunque viéndola no se percibe tanto una sensación de novedad, de comienzo, como una de de final, de culminación. Poor Cow es, en ese sentido, el lugar al cual va a parar toda su experiencia previa, una recapitulación sobre la misma con el añadido técnico-expresivo de nuevas experiencias. Selina Robertson refiere en su excelente artículo Re-encountering Nell Dunn and ‘Poor Cow’ para Women’s Film and Television History Network-UK/Ireland, como el estilo de montaje basado en la yuxtaposición y el empleo de intertítulos, voces en off, etc… revela el impacto de la Nueva Ola Checa sobre las técnicas de Ken Loach. De igual modo el aumento de presupuesto le permite contar con un actor emergente como Terence Stamp, cuya suave masculinidad contrasta con la de John Bindon, matón reconvertido a actor (sin dejar de ser lo primero) que se convertiría en figura de la cultura popular británica lumpen.

No hay ruptura, decía, porque Loach continuaría en la feroz televisión británica del periodo hasta entrado los 80 de modo casi ininterrumpido. La televisión de Alan Clarke, de Mike Leigh, de Stephen Frears… Loach había sido un vanguardista en el medio, pero simplemente había hecho lo mismo que los neorrealistas italianos, sus antecesores por poco del Free Cinema o incluso que los directores de la Ealing en la posguerra: había puesto sus cámaras en la calle. La imagen en 16 mm y el blanco y negro devolvían una imagen de una autenticidad incontestable. Buscaba una cierta verdad y la encontraba en los sitios, los rostros, las voces. No hay ruptura, pero si hay despedidas. Poor Cow es su último trabajo tanto con la escritora Nell Dunn como con la actriz Carol White, ambas indisociables del despegue de la carrera del cineasta con la emisión en 1965 de Up the Junction, adaptación de una novela de la primera protagonizada por la segunda sobre una joven que cruza el río londinense para experimentar la vida obrera. La franqueza de la novela era resaltada por la inmediatez de la imagen y Carol White iba a convertirse en un pequeño icono de los 60 británicos. Loach repitió con ella en Cathy Come Home y, por supuesto, la convirtió en su triste heroína de Poor Cow, segunda novela de Nell Dunn que adaptaba.

La Bardot de Battersea, como cantaban los Cock Sparrer, “Just a pearl in world full of users of girls”. En Poor Cow, Dunn y Loach parecen ver esto mismo. La liberación, sexual y sentimental, no llega a la clase obrera. “From the stage to The Squeeze, from T.V. to striptease”, en Poor Cow, Carol White trabaja de camarera, acompañante y modelo erótica para fotógrafos aficionados que ni se molestan en cargar película en la cámara; pero paradójicamente estos oficios sometidos a la mirada masculina acaban por ser más dignos en tanto en cuanto ella tiene el control del deseo y en cambio es su vida doméstica, intima, donde se ve abandonada, alienada o brutalizada.
Pobre vaca, pobre idiota. Carol White acabó mal, muerta por su drogadicción en una casa en Florida, quemados sus años en Hollywood sin que nadie se acuerde de ellos. Joy, su personaje en Poor Cow, se encuentra dividida entre lo que desea y lo que necesita, entre la individualidad y la disolución. Madre sin ganas, su marido y su amante son sendos delincuentes de medio pelo, uno saliendo de la cárcel, el otro entrando. La brutalidad de uno y la ternura del otro contrastan violentamente, pero tampoco es eso. Cuando Joy dice que empieza a encontrar placenteros los cuerpos de distintos hombres, en una frase tomada literalmente de la novela de Dunn, pronuncia una de las sentencias más revolucionarias del cine británico de su tiempo.

Ni Dunn ni Loach, como luego hará con el chaval protagonista de Kes, entonces a partir de una novela de Barry Hines, pretenden hacer de Joy una heroína. Si lo es (y lo es) sucede por defecto, por su propia obstinación. Ni Joy en Poor Cow ni Billy Casper en Kes son simpáticos, ni tiernos, ni ejemplares. Son, a su modo, feroces. Son hoscos y pueden ser desagradables y su rabia o sus objetivos están inarticulados: saben que quieren algo pero se encuentran bloqueados por un contexto político-social-económico diseñado para suprimir esa misma articulación del deseo individual y con ello de su realización. Tal vez por ello los finales de las películas de Loach suelen ser tan abruptos, a veces profundamente descorazonadores: hay un muro insalvable y verlo es una cosa, pero saltarlo otra muy diferente.

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