“Los tiempos quizás, pero yo no”: Walter Matthau en la América criminal, La gran estafa/San Francisco, ciudad desnuda

Dos películas  exactamente del mismo año, 1973 y protagonizadas por el mismo actor Walter Matthau (a ambos lados de la ley además) en su admirable incursión en el  “thriller” de la época, completada un año después con la esplendida “Pelham 1.2.3.”, recientemente “remakeada”. Valgan como escueta panorámica sobre una “edad de plata” del género absolutamente magistral, a la vez definición de una época y entretenimiento puro.

“El último de los independientes”charley_varrick

La gran estafa (Charley Varrick)

Director: Don Siegel

Año: 1973

País: Estados Unidos

Fotografía: Michael Butler

Música: Lalo Schifrin

Reparto: Walter Matthau, Joe Don Baker, Felicia Farr, Andy Robinson, Sheere North, Norman Fell

106 min.

27dvd.184Charley Varrick, antiguo piloto acrobático de avionetas reconvertido a profesional del robo, asalta un pequeño banco en Nuevo México en compañía de su esposa (Felicia Farr), experta conductora y dos socios más (uno de ellos Andy Robinson, hijo de Edward G. y némesis de Harry Callahan en al entrega original de la saga) . El golpe se salda con una cantidad inesperada de dinero procedente de la mafia que piensa en un trabajo desde dentro y pone sobre la pista a un brutal matón ( Joe Don Baker, todo amabilidad implacable), pero Varrick resultará un cabrón rematadamente listo.

Una de las mejores películas de Siegel (que ya es decir) y un título de oro de la acción setentera (vista desde hoy aparece además como un precedente esquinado para el Cormac MaCarthy de “No es país para viejos” y para la estética polvorienta y medio western de la ejemplar adaptación de los Coen con la que comparte cierto tono lejano y algunas concomitancias en cuanto a personajes) injustamente orillado y difícil de ver. Algo a lo que parece condenado un director clave en el cine norteamericano comercial que no disfruta de ninguna monografía dedicada a su carrera y eso pese a contar con títulos del calibre de “Harry el sucio”, “El seductor”, “Código del hampa”, “La invasión de los ultracuerpos” u otros de menor fuste pero igualmente disfrutables como “Teléfono”, “Brigada homicida” o “La fuga de Alcatraz”, todos ellos y unos cuantos más que certifican a un autor correoso y genuino de limpieza narrativa y brío ejemplar. Un verdadero clásico entregado tipo de cine tan abiertamente comercial como honesto que, desgraciadamente, parece haber desaparecido casi por completo en la actualidad.

CharleyVarrick2Seco, correoso y sin florituras estilísticas o visuales pero con un autentico recital de narración cinematográfica, trepidante de principio a fin gracias al músculo encabritado de la dirección y a un guión de perfecta caligrafía, inteligente y medido que no desdeña ni el humor ( la cotilla vecina de aparcamiento) ni la violencia más contundente (el interrogatorio dentro de la caravana al compinche de Charley), amén de un tratamiento de la mujer que provocaría sarpullidos hoy en día (la manera en la que Baker se beneficia a la fotógrafa que interpreta Sheere North sin más ni más o como Varrick utiliza a la joven secretaria) , a estas virtudes se añaden tanto del excelente reparto de secundarios (varios ya habituales de Siegel) como una banda sonora vibrante del mítico compositor argentino Lalo Schifrin y en un uso muy apropiado de las localizaciones y los cochambrosos escenarios, que dan a toda la película su correspondiente “look” entre cutre y auténtico.

13varriTodo rematado además por un final cabalmente cínico y demoledor incluso para la época, cerrado con la imagen ardiente del lema personal de su protagonista; “last of the independants”. Un final posibilitado en gran parte por la presencia decisiva de un genial Walter Matthau que borda sin esfuerzo su imperturbable y carismático personaje (moviéndose con displicencia, mascando chicle y replicando con gélido desinteres) y que aporta a la película algo impagable, algo que no hubiera sido posible con, por ejemplo Lee Marvin o el mismo Eastwood al frente del reparto, la sensación de falibilidad. Matthau no tiene la abrumadora presencia de estos otros actores, es evidente que ellos acabarán por imponerse pero  en el Varrick de Mattahu permanece la incertidumbre de saber si conseguirá batir a un adversario tan formidable como el que presenta Joe Don Baker. Un acierto decisivo que contribuye al éxito del invento y aumenta la emoción de un final ya de por si antológico, el músculo volteado por el cerebro.

“El policía risueño”

laughing_policemanSan Francisco, ciudad desnuda (The laughing policeman)

Director: Stuart Rosenberg

Año: 1973

País: Estados Unidos

Fotografía: David M. Walsh

Música: Charles Fox

Guión: Thomas Rickman según la novela de Per Wahlöö y Maj Sjöwall “Den skrattande polisen”, 1968

105 min.

Un autobús urbano es tiroteado desde dentro en plena noche con el saldo de todo el pasaje muerto. La investigación llevará a reabrir un viejo asunto de una chica muerta que apunta tanto a esferas económicas  acomodadas como al submundo de los clubes homosexuales de San Francisco.

Un muy buen policíaco algo olvidado, o más bien escondido entre la multitud de títulos de calidad que ofreció el resurgir del género desde mediados de los 60 y que proponía una mirada realista y un espíritu impregnado de nihilismo sobre una realidad cambiante y terriblemente ambigua, un cine que no rechazaba escrutar la sordidez y la podredumbre, reflexionando sobre la violencia y utilizándola contradictoriamente con brutalidad y contundencia.

01Así Rosenberg (un director menor pero de cierto interés firmante de la mítica “La leyenda del indomable”) propone un film verista y agobiante (la escena del registro del autobús es ejemplar en este sentido) rodado con el estilo “cool” y directo típico de la época, que detalla con minuciosidad el procedimiento policial, la investigación a partir de mínimos indicios que no llevan más que a callejones sin salida, soplones mentirosos y “copy cats” veteranos de Vietnam que organizan matanzas desde su piso, la lentitud de desbrozar una trama completamente opaca en la que el detalle menor quizás sea definitivo.LaughPol2

Todo ello imbricado en la pormenorizada descripción verista de los propios policías y no solo de su trabajo, entre el humanismo, el humor esquinado y la cotidianeidad, con mucho que ver con las novelas de Ed McBain sobre los chicos del “Distrito 87” (aunque en este caso adapte, al parecer muy libremente, en una novela sueca del matrimonio Maj Sjöwall y Per Wahlöö perteneciente a una serie sobre el inspector protagonista, Martin Beck y que tiene como principal valor la exhibición de la otra cara del bienestar sueco, nada es nuevo ya se ve) clásico literario que renovó la narrativa negra en los 50 y cuyo influjo de clásico americano se extiende a ese monumental fresco social que es “The Wire”.

LaughPol3Se abre con una secuencia pre-créditos milimetrada (la preparación y ejecución de la masacre) y hace bandera de la espereza y el desencanto muy bien reflejados en el rostro de lija de Walter Matthau en contraposición a la actitud burlona y perdonavidas de su compañero, el siempre excelente Bruce Dern, se apuntala en un sólido equipo de característicos con el agradecido concurso de Anthony Zerbe o Joanna Cassidy, y adolece de cierta morosidad y algún lugar común de más, pero acierta al convertir a la ciudad (un recurso que será clave en el policiaco de la época), un San Francisco siniestro incluso a pleno sol, en un personaje más, uno bien poco agradable.rosenberg-the-Laughing-Policeman-cz

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